la última batalla de FRondizi: apuesta por la integración y la transición de la ucri al mid (1962-1966)

 

ANÍBAL JÁUREGUI

Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo

Instituto Interdisciplinario de Economía Política

Facultad de Ciencias Ecónomicas

Universidad de Buenos Aires

Universidad de Luján

Buenos Aires

Argentina

https://orcid.org/0000-0002-1935-2095

 

ROBERTO DANTE FLORES

Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo

Facultad de Ciencias Económicas

Universidad de Buenos Aires

Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG)

Facultad de Ciencias Sociales

Universidad de Buenos Aires

Buenos Aires

Argentina

https://orcid.org/0000-0002-3337-8160

 

PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,

Año 19, N° 37, pp. 1-28

Enero – Junio de 2026

ISSN 1853-7723

ARK CAICYT

https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/jrseyyhxa

 

Fecha de recepción: 14/04/2026 - Fecha de aceptación: 27/07/2026

 

Resumen

Este artículo aborda el derrotero del fondizismo a partir de la crisis de 1962-63 que sacudió al país, llevó a sangrientos enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas, provocó una profunda conmoción social y la economía se hundió en la estanflación. El gobierno de provisional de Guido propuso la salida electoral para superar el momento. Así se impulsó el Frente Nacional y Popular, una coalición que buscaba integrar al peronismo y que tenía como socio a la UCRI, liderada por Arturo Frondizi. Al final el Frente se retiró de la contienda y facilitó el triunfo de la candidatura presidencial de la Unión Cívica Radical del Pueblo de Illia. Eso precipitó la ruptura definitiva de la UCRI entre el ala frondizista y la alendista.

El frondizismo se reorganizó y, tras una etapa de tensiones internas, se fundó el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). El nombre priorizaba los aspectos tecnocráticos del programa sobre el relato político más tradicional de quienes, dentro de ese círculo, provenían del radicalismo.

 

Palabras Claves

Instituciones políticas – Fuerzas Armadas – Partido político – Radicalismo Intransigente – Desarrollo económico y social.

 

FRONDIZI’S LAST BATTLE: A BID FOR INTEGRATION AND THE TRANSITION FROM UCRI TO MID (1962–1966)

 

Abstract

This article analyses the evolution of Frondizismo from the 1962-63 crisis that shook the country, leading to bloody clashes between the branches of the Armed Forces, profound social commotion and the sinking of the economy into stagflation. Guido's provisional government proposed an electoral solution to overcome said crisis. This led to the formation of the National and Popular Front, a coalition that sought to integrate Peronism and whose partner was the UCRI, led by Arturo Frondizi. Ultimately, the Front withdrew from the race, facilitating the victory of Illia's presidential candidacy for the People's Radical Civic Union. This precipitated the definitive split within the UCRI between the Frondizi and Alenda factions.

Frondizi's movement reorganized, and after a period of internal tensions, the Movement for Integration and Development (MID) was founded. Its name embodied the prioritization of technocratic aspects of the program over the more traditional political narrative of those who, within that circle, came from the Radical Civic Union.

 

Keywords

Political institutions - Armed Forces - Political Party - Intransigent Radicalism - Economic and social development. 

 

La última batalla de Frondizi: apuesta por la integración y la transición de la UCRI al MID (1962-1966)

 

 

 

Presentación

 

El 29 de marzo de 1962 - después de las elecciones a gobernadores en las que el peronismo resultó victorioso - un golpe militar puso fin a la presidencia de Arturo Frondizi, concluyendo una larga serie de “planteos” que el mandatario intentó contener haciendo inútiles concesiones a los conspiradores. Con Frondizi recluido en la isla de Martín García, se inició un periodo de inédita crisis política que profundizó los desequilibrios económicos latentes con una suba de la tasa de inflación, una caída de los ingresos fiscales, el pago de salarios en bonos y una fuerte recesión industrial. Las Fuerzas Armadas, por su parte, padecían un proceso de disgregación que no solo amenazaba a su propia institucionalidad sino a las bases mismas del orden social. La superación de la anarquía militar latente y de la crisis económica tenía como condición necesaria la normalización del escenario institucional que, a su vez, determinara el lugar del peronismo en el entramado nacional. El radicalismo intransigente aparecía como un actor fundamental para su resolución positiva, aunque estaba afectado severamente por esta crisis.

Aquí pretendemos explorar la reorganización institucional iniciada en 1962 por el gobierno de José María Guido, estudiar la tentativa de integración política del peronismo a través del Frente Nacional y Popular (FNP), y analizar la evolución del frondizismo como uno de sus principales integrantes. Concretamente nos preguntamos: ¿qué tipo de ordenamiento político e institucional se propuso desde el gobierno de Guido?; ¿cuáles fueron los factores concurrentes del fracaso en la constitución del FNP?; ¿cuáles fueron las causas reales de la división de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI)?; ¿qué implicaba la formación de una nueva organización política como el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID)? Por último, ¿cómo se evidenciaron en el MID las tensiones entre desarrollo e instituciones que -académicamente- se planteaban entre modernización y democracia?

La formulación de las respuestas nos permitirá reflexionar sobre el singular funcionamiento de la política en una época que la literatura ha descripto como el interregno entre dos semidemocracias (Cavarozzi, 1983). Si bien esta descripción no es incorrecta, estimamos que fue un tiempo lleno de matices y caminos abiertos. Entender las ambigüedades, las tensiones y las dudas que se cernían sobre este universo, representa una clave explicativa para todo el conjunto de actores políticos y sociales. Ello también permite pensar en las probabilidades no concretadas[1].   

La construcción de la salida política, el Frente y las candidaturas intransigentes

Desde un comienzo, los mandos militares con poder de decisión bajo el gobierno formal de Guido se debatían entre dos alternativas: instaurar una dictadura abierta para erradicar el peronismo o promover una salida electoral condicionada que evitara los “errores” del pasado. En la práctica, como la primera solución se presentaba inviable ante las dificultades económicas, se imponía la segunda. Ella tenía como requisito una convocatoria electoral y alguna forma de participación del peronismo.

Para ello, se intentó propiciar la formación de un «frente nacional» multipartidario que podía incluir al peronismo; sin embargo, esta iniciativa se desplegó en un contexto de profunda anomalía institucional, caracterizado por los esfuerzos de las cúpulas militares para dirimir tanto sus disputas internas corporativas como el orden político de la nación. Por su parte, la articulación de alianzas entre los actores civiles constituyó una empresa sumamente compleja, dadas las dificultades de representación intrínsecas del sistema político argentino, fuertemente fragmentado y dominado por liderazgos personalistas.

La ruptura institucional de marzo de 1962 había sido el resultado de la convicción de los mandos castrenses de que la administración de Arturo Frondizi ponía en riesgo la cohesión interna de las Fuerzas Armadas y la estabilidad del orden social. No obstante, la designación de José María Guido como sucesor presidencial no resolvió la crisis, sino que exacerbó el faccionalismo militar y multiplicó los obstáculos para la gestión pública. La resolución parcial de esta conflictividad se materializó recién en septiembre, tras la victoria del sector «azul» en la contienda interna de las Fuerzas Armadas. Este triunfo permitió avanzar hacia la normalización institucional mediante una convocatoria electoral reglada por un sistema de representación proporcional para los cargos legislativos, diseñado estratégicamente para fragmentar el voto e impedir que el peronismo hegemonizara el futuro gobierno.

A pesar de su aspecto integracionista, los triunfadores consideraban inaceptable cualquier solución que otorgara a Juan D. Perón un poder de decisión significativo, aunque aspiraban a alguna forma de inclusión del peronismo en la vida política. La integración, entendida en su sentido más amplio, requería un acuerdo multisectorial y multipartidario que pudiera incorporar a la vida institucional tanto al electorado peronista como a los sindicatos.

En los inicios del gobierno Guido, el primer formato previsto de ese frente, se aproximaba a un radicalismo unificado. También se había considerado la posibilidad de armar un frente con el general Pedro E. Aramburu como un candidato genuinamente militar. Pero el levantamiento de los "azules", encabezados por el general Onganía, que enfrentaba a los “colorados” del Secretario de Guerra, general Cornejo Saravia, concluyó con el triunfo de los primeros. El nuevo comandante Onganía emitió el famoso Comunicado 150 que, con la pluma de Mariano Grondona, se dio a conocer el 23 de septiembre de 1962 y en el que se exigía la realización de elecciones inmediatas mediante mecanismos “que impidan, (…) el monopolio artificial de la vida política y (…) que asegure la imposibilidad del retorno a épocas ya superadas” (Rouquié, 1982, p. 210). Quedaba abierta la posibilidad de habilitar un frente electoral con participación peronista; un nuevo ordenamiento político requería la integración del peronismo con el apoyo militar y el beneplácito de Perón.

El encargado de llevar a cabo las negociaciones por parte del gobierno fue Rodolfo Martínez, designado ministro del Interior en octubre. Su plan consistía en implementar un programa político que construyera una coalición que podía estar integrada por los radicalismos y el peronismo, y que promoviera la incorporación a la vida política de este último en forma progresiva (“en grageas”) para trasladar “la ‘modernización' operada en la economía argentina luego de 1958 al campo político” (Lamadrid, 1988, p. 10). Esta operación significaba la apertura de negociaciones con Perón para permitir la participación de candidatos peronistas que no podrían presentarse para la presidencia ni para la gobernación de las cinco provincias más importantes. La justicia dio un primer paso fundamental en enero al revalidar la personería de partido Unión Popular, encabezado por Rodolfo Tecera del Franco.  Comenzaban así las tratativas para confluir junto a la UCRI, la Democracia Cristiana y otros partidos menores en un Frente Nacional y Popular. El candidato presidencial que promovía Martínez no era otro que el general Onganía.

La esperanza de inclusión y apertura quedaba atada a un juego político dominado por el faccionalismo militar y la fragmentación de los partidos políticos, sumidos en el “pretorianismo de masas”[2]. Pronto comenzaron a surgir diferencias internas entre los aspirantes a integrar el frente: “…existe una suerte de renuencia al acuerdo que todos entreven pero que todos escrupulosamente evitan” (Kvaternik, 1994, p. 159). Los demócratas cristianos -encabezados por H. Sueldo- rechazaban las propuestas económicas impulsadas por los intransigentes. Y, entre estos, divergían los alendistas y los frondizistas. Por los demás tampoco la dirigencia política confiaba en Perón que, más allá de las diferencias pasadas, seguía teniendo una intensa relación epistolar y política con Frigerio (Prieto, 1975), quien contaba con una fuerte animadversión entre militares y políticos. También el peronismo estaba afectado por las convulsiones internas que ponían en cuestión el liderazgo lejano de Perón.[3]

Si bien se precisaban acuerdos programáticos entre los partidos frentistas, lo esencial consistía en el encuentro de un candidato aceptable. Por un lado, la candidatura de Onganía no era aceptada en el Ejército. Por el otro lado, los distintos candidatos civiles negociaban con los jefes azules. Por ello, la convención de la UCRI del 26 de marzo lanzó la candidatura Oscar Alende-Carlos Sylvestre Begnis, con la idea de que sirviera de base para una negociación posterior con el Frente.

Empero, las gestiones privadas del ministro del Interior, Rodolfo Martínez, orientadas a incluir a un hombre proveniente del radicalismo del Pueblo -Miguel A. Zavala Ortiz- en la fórmula frentista como vice de Onganía derivaron en una carta pública en la que denunciaba al plan del ministro como antidemocrático (Potash, 1994, p. 135). Esto obligó a Martínez a presentar su dimisión al cargo y puso fin a la gestión más firme para ordenar la salida política con la participación del peronismo. Fue en ese momento, a comienzos de abril de 1963, cuando estalló una conspiración de los “colorados” – que venía orquestándose desde septiembre - cuyo objetivo era clausurar la vía negociadora e instaurar un régimen de facto liderado por el general Benjamín Menéndez que proscribiera al peronismo. Dicha rebelión, finalmente vencida por los tanques del general A. López Aufranc, dejó al descubierto una guerra larvada y culminó con un saldo de cuarenta víctimas fatales, multitud de heridos, y una drástica depuración en los mandos colorados de las tres Fuerzas Armadas.

La rebelión ocasionó la renuncia del ministro de Guerra, general B. Rattenbach, uno de los principales impulsores militares de la integración. Además, asumió como el nuevo ministro del Interior el general Enrique Rauch (presuntamente azul) quien adoptó una campaña de “moralización”. Esta se presentaba con el objetivo de dejar fuera del juego electoral a muchos peronistas y sindicalistas, a izquierdistas, a frigeristas y “delincuentes económicos”, una purga de “elementos indeseables”. La interpretación este episodio no puede desconocer el impacto de la Guerra Fría en las filas de las Fuerzas Armadas (Hudson, 2014). El supuesto objetivo consistía en enfrentar la “siniestra conspiración continental marxista-leninista insurreccional”[4]. Pero la persecución de Rauch tenía especialmente en la mira a los frondizistas y frigeristas, acusados de actos de corrupción en la gestión presidencial pero que, al mismo tiempo, constituían socios centrales de un posible frente con el peronismo. La combinación de elementos nos sugiere que se trataba de un ensayo de postergación sine die de la salida electoral para fortalecer el frente interno militar, hastiado por muchos años de “gestión indirecta” (Halperin Donghi, 1994, p. 247). En verdad, al atentar contra el FNP y la salida electoral, el general Rauch asumía el programa de los “colorados”[5]. Es desconcertante por lo tanto el apoyo que le prestara Onganía cuyos objetivos finales quedaban en la penumbra. La desmesura de Rauch provocó una crisis de gabinete, resuelta cuando finalmente Onganía aceptó su desplazamiento y su reemplazo por el general O. Villegas.

La renuncia del ministro derivó en una recomposición del gobierno y, simultáneamente, provocó una intensificación de la actividad pre-electoral. A principios de mayo quedó formalizado el Frente Nacional y Popular. Sorpresivamente, su primer candidato presidencial fue el empresario Carlos Pérez Companc, al parecer una sugerencia de Frigerio dada su buena llegada al gobierno norteamericano[6], aunque resistido por el peronismo.

Al mismo tiempo, en la búsqueda de acuerdos, se reunió el 12 de mayo en el salón de Unione e Benevolenza la Asamblea de la Civilidad que congregaba a un amplio espectro partidario con el objetivo de establecer reglas de convivencia para las futuras elecciones, lo que implicaba la no proscripción de los candidatos peronistas.

Pero el grupo militar azul, afectado por las jornadas de abril, se fue alejando del espíritu del Comunicado 150. Si bien todavía aspiraba reintegrar al peronismo a la vida cívica no tenía claridad en el quantum de peronismo que podía aceptar la interna militar. El encargado de llevar adelante la tarea sería el reemplazante de Rauch, general O. Villegas que, a pesar de haber dejado de lado la agresiva campaña de su antecesor, se propuso continuar incidiendo en la configuración de la salida política, llenando de trabas la presentación de candidatos de la Unión Popular. Así, el decreto 4046 del 17 de mayo restringía los candidatos de la Unión Popular a los cargos de diputados nacionales y provinciales, concejales y consejeros escolares. Por su parte, la Corte Suprema de Justicia ratificó la constitucionalidad del Decreto 4161/56, que prohibía cualquier tipo de afirmación ideológica o propaganda peronista.

A pesar de estos inconvenientes, el 24 de mayo el Frente acordó en presentar la fórmula Solano Lima-Sylvestre Begnis (Rouquié, 1982, p. 222) que Frondizi aceptó, dejando de lado la encabezada por Alende y agravando las diferencias internas de la intransigencia. El 29 de mayo en un documento Frondizi declaró que la UCRI debía permanecer en el Frente Nacional y Popular, y sostuvo que otra solución impulsada por la UCRI “no podrá ser en modo alguna una solución nacional”[7]. Entonces Alende mantuvo su candidatura presidencial con la UCRI para negociar en el Colegio Electoral: "Yo puedo llegar a tener el 15 % de los electores, negociaré lógicamente con el Frente y me entenderé con los otros partidos de la coalición"[8].

Las tratativas para armar las fórmulas y la posible configuración del futuro gobierno civil fueron intensas. Según el testimonio posterior del general Rosas Méndez, jefe de Operaciones del Ministerio del Interior, el ministro Villegas buscaba crear confusión, dificultando la presentación de la fórmula del Frente sin llegar a proscribirla   (Kvaternik, 1994, p. 206). En esta línea, a finales de junio, el ministro de Interior hizo aprobar el decreto 4874/63 que impedía la presentación de electores peronistas, una medida de imposible puesta en práctica ya que había electores con pasado peronista en casi todas las listas que se estaban presentando. La incertidumbre era notable. Aun así, la decisión del FNP de sostener la fórmula presidencial se debía a que los decretos de Guido estaban sujetos a interpretación. La indefinición quedaba reflejada en el hecho de que, a una semana de las elecciones, la revista Primera Plana consideraba que los dos más probables vencedores en la elección serían Solano Lima o Aramburu[9]. Todavía a principios de julio en los medios se publicaban gran cantidad de anuncios de la fórmula frentista que contrastaba con la escasez de aquellos del radicalismo popular. La situación era especialmente incómoda para el frondizismo, dependiente de decisiones ajenas. Según R. Fraga, había alguna posibilidad de la candidatura de Lima, y “en política se intenta hasta el último momento”[10].

Pero los obstáculos gubernamentales llevaron finalmente al Frente a levantar la fórmula Solano Lima-Begnis y convocar al voto en blanco a cuatro días de las elecciones. La UCRI frondicista, representada por Héctor Gómez Machado, defendió “la tesis antiabstencionista” (en oposición al voto en blanco peronista) ya que por razones de tiempo, los dirigentes provinciales de la UCRI “se ven impedidos de hacer votar en blanco” en sus distritos[11]. Pero finalmente prevaleció el votoblanquismo.

Al abrirse las urnas después de la elección del 7 de julio, resultó ganador el candidato radical del Pueblo, Arturo Illia, con el 26,78 %, seguido por Alende (UCRI) con el 18,18 % y tercero Aramburu (UDELPA) con el 16,55%. El voto en blanco alcanzó el 19,84%, magro resultado para un peronismo que había obtenido el 35% en las recientes elecciones de marzo de 1962: hubo una importante dispersión electoral que respondió en buena medida a la estrategia de confusión del gobierno. Tampoco el resultado fue no bueno para el frondizismo[12], al que le quedó el consuelo de haber logrado colar en las listas de la UCRI una buena cantidad de legisladores y autoridades ejecutivas que le daban una cuota de poder en el futuro gobierno. Pero tampoco conformaba al radicalismo del pueblo que llegaba al gobierno con escasa legitimidad con la abstención del Frente y del peronismo.

¿Radicales, intransigentes o desarrollistas?: en busca de una identidad

La UCRI, surgida bajo el liderazgo de Frondizi, se estructuró inicialmente sobre una retórica racionalista y programática. Pero el partido no logró asimilar el paso por la función pública en el período 1958-62, lo que frustró su fortalecimiento organizacional y su identidad colectiva (Persello, 2007, pp. 206-207). El golpe militar marzo de 1962 fue un verdadero terremoto en su interior. Además de perder el poder, Frondizi, su jefe indiscutido y fundador, había terminado en el penal de la isla de Martín García. No obstante, siendo el Radicalismo Intransigente un partido con un volumen político y territorial no despreciable, era partícipe necesario de la vuelta a la normalidad institucional. Para ello debía rearmar la estructura partidaria, construir una narrativa para capitalizar el prestigio del ex presidente y dar respuesta a la cuestión de la identidad partidaria. Había unanimidad respecto de los logros económicos alcanzados; se ponían de manifiesto los resultados en materia de educación y de política exterior. Pero frente a las cuestiones de la política interna, en las filas de la militancia frondizista se reclamaban autocríticas y explicaciones, así como resolver la postura a adoptar frente al peronismo.

Una primera dificultad se presentó de inmediato y radicaba en el posicionamiento frente al gobierno de Guido. Así, rápidamente las filas se dividieron entre los “blandos” de Oscar Alende y los “combatientes”, cuya figura más destacada era Alfredo Vítolo. Una segunda limitación radicaba en la construcción de un relato creíble sobre lo sucedido. Algunos, como Ideler Tonelli, postulaban a fines de 1962 la necesidad de retomar el discurso de los orígenes con la bandera de “Pueblo u Oligarquía”. La épica movilizadora permitiría no solo cuestionar a los golpistas de marzo sino también superar al peronismo. Si estas ideas no eran estrictamente las de Frondizi, expresaban la aspiración a recobrar la mística de la militancia yrigoyenista con un mensaje a la base radical subsistente[13].

El mayor obstáculo estaba representado por la actividad creciente del exgobernador bonaerense Alende quien pasó a tener un control más firme del partido con su prisión, reafirmando sus aspiraciones presidenciales y su autonomía. Mientras que Frondizi anhelaba revivir la alianza de febrero de 1958 por medio del FNP, Alende pretendía a sostener su propia candidatura para ofrecerla al Frente. En caso contrario se presentaría con la sigla UCRI. Alende no se sometía a Frondizi y pretendía utilizar al partido, acordando con el peronismo y con los militares “azules”[14].

Véase que, para Frondizi -y especialmente para Frigerio-, el FNP contenía un sentido profundamente diferente al postulado por los otros partícipes en su proyecto. Su origen se encontraba en la táctica de los Frentes Populares antifascistas de las décadas de 1930 y 1940 de inspiración comunista que, en vez de tener en la mira al fascismo, pretendía garantizar la unidad nacional y el desarrollo[15]. Al mismo tiempo esta opción también ponía de manifiesto la concepción movimientista que dominaba en la dupla desarrollista.

Con convicciones y liderazgos diversos, la UCRI se dividió, pues, entre un ala frentista y otra antifrentista, aunque las dos pretendían representar el voto peronista y al mismo tiempo establecer puentes con el sector azul del Ejército.

Al final del largo camino llegaron los comicios de julio que consolidaron la posición del alendismo. Pero en las listas de la UCRI para cargos legislativos y ejecutivos —tanto en el orden nacional, provincial y municipal — figuraban numerosos cuadros que reconocían el liderazgo de Frondizi. Esta heterogeneidad se manifestaba incluso en el alineamiento de varios gobernadores electos. En última instancia, la dinámica interna del radicalismo intransigente quedaba marcada por esta latencia de lealtades, en la que los representantes electos en 1963 irían reconfigurando su adscripción partidaria conforme se desplazaba el eje del poder interno.

Habiendo quedado Alende con el aparato de la UCRI, el frondizismo adoptó el nombre de Movimiento de Intransigencia Radical, denominación que dejaba entrever veladas, pero inequívocas, referencias al Programa de Avellaneda (Movimiento de Intransigencia y Renovación). Pero aquello que en 1945 había sido un agrupamiento interno que buscaba desplazar al unionismo del Comité Nacional de la UCR, ahora se presentaba con un adversario más difuso que incluía a los militares colorados, a la UCRP y a cierto establishment económico.  El nombre representaba la pugna por sostener el capital simbólico tanto en el término “radical” como de “intransigencia”, y mostraba la resistencia a abandonar definitivamente significantes identitarios. Para afirmar esa dirección se constituyó en noviembre de 1963 la junta promotora del Movimiento de Intransigencia Radical (MIR), “sobre el acatamiento a la conducción política y autoridad partidaria de Arturo Frondizi”[16]. El ex gobernador santafecino, Sylvestre Begnis, desempeñaría un lugar central en todo el armado partidario, encabezando a los sectores internos diferenciados de Frigerio (a quien siempre vieron con desconfianza) reiterando en ese sentido las que había suscitado en todo el abanico pan radical.

Entre julio de 1963 y fines de 1964, frondizistas y alendistas parecían acercarse y alejarse pero, al denegar la posibilidad de utilizar el nombre de intransigencia radical, la justicia obligó al frondizismo a modificar su denominación y avanzar en la división. Las diferencias de liderazgos y de intereses políticos se acrecentaban por el hecho de que la propuesta económica de Alende contenía un reformismo agrario que generaba fuerte resistencia en los sectores rurales y que se distinguía del programa de modernización técnica del frondizismo. Mención especial requiere el vínculo con el peronismo y su impacto en la configuración interna tanto de la UCRI como del MIR[17]. A la voluntad de Perón por retener el liderazgo del peronismo se le agregaba el complejo universo del movimiento.

En este escenario Frondizi[18], tras recuperar en agosto de 1963 la libertad se abocó personalmente a la tarea de refundar una organización que -en cierto sentido- era nueva después del cimbronazo del derrocamiento y su posterior prisión.  Sus seguidores estaban agrupados en distintos lineamientos, que en buena medida veían con desconfianza a la figura de Frigerio[19], que tenía como portavoz a la conocida revista Qué Sucedió en Siete Días.

 La reorganización parece atenerse prima facie a algunas reglas tradicionales, es decir territoriales, de la construcción política partiendo de las administraciones provinciales y municipales en las había alcanzado presencia cuando las listas unificadas de la UCRI se habían presentado en las elecciones generales de julio de 1963. Los gobernadores de La Pampa y Jujuy, Ismael Amit y Horacio Guzmán, fueron puentes importantes en esa dirección.

A tono con el carácter tecnocrático que se le quería otorgar a su discurso se presentaron innovaciones que apuntaban a conquistar adherentes en territorios fértiles para la prédica desarrollista. Un instrumento de esa construcción estuvo representado por el Centro de Estudios Nacionales a la lucha partidaria que estaba dirigido a los sectores medios de profesionales. El otro se encaminó a incorporar a franjas femeninas del electorado en la Cruzada Cincuenta por Cincuenta encabezada por Blanca Stábile. Asimismo, se le otorgó relevancia a la vinculación con el sindicalismo, dominado por Frigerio y en donde tallaba también el abogado laboralista Oscar Valdovinos, relacionado con las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas.

Frondizi en el camino de la violencia revolucionaria peronista

Estos años estuvieron signados por una alta conflictividad política y, concretamente por la violencia. El autoritarismo y la persecución peronista, el golpe de 1955, la resistencia peronista, la movilización militar, el Plan CONINTES, y el terror desatado post marzo de 1962 estaban demasiado cercanos en el tiempo para ser soslayados. La normalidad alcanzada con las elecciones de julio de 1963 y la asunción de un nuevo presidente constitucional no llegaban a ocultar las tensiones latentes en la vida política nacional y sobre todo la cuestión no resuelta del peronismo, que el MIR pensaba solucionar ofreciéndose como portavoz de los proscriptos.

El 13 de agosto de 1964, cuando se realizaban los debates en la Cámara de Diputados sobre los contratos petroleros concretados durante su presidencia, una ráfaga de proyectiles hizo peligrar la vida de Arturo Frondizi y de varios de sus allegados, en el curso de una cena en la Federación de Sociedades Gallegas (San Telmo, Capital Federal). En esa reunión partidaria, el presidente de la Junta Nacional del MIR Carlos Sylvestre Begnis, organizaba un acto en honor a Frondizi para preparar su futura candidatura a la presidencia de la Nación.

Durante las investigaciones la policía detuvo a Dardo Cabo, hijo de Armando, dirigente sindical cercano al secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), Augusto Vandor. No hay evidencias para confirmar ninguna versión. Pero existen indicios —en el expediente judicial contra Dardo Cabo y Américo Rial— de que el atentado fue perpetrado por el primero, un militante del peronismo revolucionario opuesto a cualquier salida política que no incluyera el retorno de Perón al gobierno y al poder.

El episodio se incorporó a la lucha política del momento. Es llamativo que Frondizi intentara desvincular en todo momento al peronismo. En declaraciones periodísticas realizadas en el Comité nacional del MIR, Arturo Frondizi señaló: “No creo que los agresores respondan a una sola idea, pero creo que existe el propósito deliberado de crear caos. Perón debe saber ahora el método que le van a aplicar si regresa a la Argentina”[20]. Con esta frase Frondizi dejaba abierta la posibilidad de que los autores intelectuales provinieran de distintos sectores (incluso militares), al tiempo que podía observarse una advertencia a Perón para que no regresara. Y, a su vez, manifestaba la inconveniencia del retorno en esos momentos. El vínculo existente entre los autores materiales o intelectuales de la agresión contra Frondizi (Dardo Cabo, acusado por el testigo Héctor Riccardi, ex policía, y Américo Rial, acusado mediante un anónimo llamado telefónico a la policía) quedaba abierta a la investigación judicial, que no arrojó resultados. Empero, no hay indicios de que algún sector gubernamental estuviera implicado en los hechos violentos (aunque la SIDE era la central de inteligencia de las tres armas y el anti frondizista general Rauch, su anterior titular). Un representante del gobierno nacional, el ministro del Interior Juan Palmero, le manifestó telefónicamente a Frondizi que lamentaba lo sucedido y ofreció custodia personal. Pero Frondizi la rechazó, “sólo quiero que el gobierno deje de fomentar el odio”. Y consideró que los panfletos arrojados con autoría del MNA (probada más tarde por las pericias) habían sido parte de una maniobra para justificar la proscripción a las masas populares, al peronismo.

Conviene observar el momento de estas afirmaciones del ex presidente:  a pocas horas de ocurridos los hechos, y mientras se desarrollaban las sesiones de la Comisión Investigadora sobre Petróleo en el Congreso Nacional que acusaban a Frondizi por los contratos petroleros realizados en su gobierno. De modo que sus declaraciones eran meramente políticas, con la intención de defender su gestión de gobierno y restablecer una alianza con el peronismo.

El otro procesado en la causa del atentado (por un llamado telefónico “anónimo”, según Coordinación Federal) fue Américo Rial, militante peronista “orientado dentro del justicialismo en la corriente nacionalista”, fundador del MNA Movimiento Nueva Argentina, “un grupo de opinión que trata de orientar la posición del justicialismo, mediante comunicados publicaciones, reuniones, etc.” En ese amplio etcétera para orientar el justicialismo, Dardo Cabo, integrante del MNA, cayó imputado por los hechos de violencia provocados en la cena del MIR. Mientras Cabo hacía disparos con una pistola fue visto gritando: “Que MIR ni qué carajo, viva Perón”. El arma, que una pericia reveló “había sido utilizada para efectuar algunos de los disparos” en el atentado, era propiedad de Américo Rial quien no fue visto en el lugar de los hechos; por lo tanto, es razonable suponer que se la prestó a quien había disparado contra los comensales.  Rial aseguró haber decidido portar esa arma porque “le ha tocado actuar en algunas peleas entre distintos grupos” peronistas.

En resumen, se puede considerar que el gobierno quiso dirigir la investigación hacia el peronismo, y que había elementos que permitían afirmar esa hipótesis: la captura precisa (en un operativo policial inconexo con la causa) del arma disparada en el atentado; el secuestro policial en el domicilio de Cabo (según denunció), meses antes del atentado, de los volantes arrojados en la Cena del MIR; y un posible falso testigo ex policía, alimentan esta hipótesis.

El atentado le sirvió al nuevo partido de Frondizi, todavía denominado MIR, para situarse en la escena política denunciando al gobierno de ser responsable por la inseguridad y la violencia política. También se hizo evidente que había un sector del peronismo dispuesto a malograr, empleando la violencia, una posible reedición del acuerdo Perón-Frondizi.

El Movimiento de Integración y Desarrollo: ¿una nueva denominación o un nuevo proyecto?

La división de la UCRI, provocada por la disputa hegemónica entre Oscar Alende y Arturo Frondizi, se efectivizó en septiembre de 1963 cuando el frondizismo se avocó a la formación de un nuevo partido político.

Si trazamos el hilo que llevó a su fundación, vemos que el núcleo desarrollista había llevado a cabo desde su configuración en 1957 una crítica marcada a las prácticas partidarias tradicionales, que se las emparentaba con el comité y el clientelismo. Además, Frondizi había sostenido que el suyo no había sido un gobierno de partido, a pesar de que en él los afiliados a la UCRI habían tenido un peso decisivo. El Radicalismo Intransigente era, más que un mero partido, la expresión de una voluntad de afirmación nacional.

La querella judicial de la UCRI alendista contra el reconocimiento del MIR como partido político replanteaba la cuestión partidaria en general y su denominación en particular a través de la organización de un nuevo partido. La UCRI había nacido en torno a la candidatura presidencial de Frondizi y nadie en el partido ponía en duda su condición de radical. En mayo de 1962, Frondizi se había definido como un radical moderno. Pero había una tensión, e incluso un conflicto latente, entre el Frondizi radical y el desarrollista. Se imponía mudar de denominación, más allá de que muchos frondizistas se sintieran parte de esa historia.

La decisión de la justicia de impedir la utilización de la denominación Intransigencia Radical obligó entonces a la ruptura con esa tradición partidaria. En noviembre de 1964 se fundaba una organización que se reivindicaba el programa y no la política clientelar que se denominó Movimiento de Integración y Desarrollo (MID).

A pesar de tener como líder indiscutido a Frondizi, existían diferencias ideológicas internas que no eran insalvables. Frigerio, que tuvo una ostensible influencia en la organización, se manejó con una inflexibilidad que dificultaba el funcionamiento de una agrupación política. Siempre consideró que su grupo era la vanguardia del movimiento nacional. Pensaba que “su doctrina era la única solución que tenía el país y le importaba poco que se desgajara la fuerza política” (Camilión, 2000, 129-130). Actuaba con las convicciones de un ideólogo frente al pragmatismo político de Frondizi[21], al tiempo que operaba en las sombreas

La primera oportunidad en que la nueva agrupación pudo presentarse a las elecciones fue en las legislativas nacionales del 14 de marzo de 1965 y ahí obtuvo un magro 6% de los votos superando a la UCRI (4,5%). Consiguió incorporar al Congreso Nacional cinco diputados, mientras que la UCRI de Alende sólo uno. A pesar de tener resultados francamente malos, el MID tenía el consuelo de ser la tercera agrupación política nacional, amparado en el escaso tiempo de existencia de la agrupación. De todos modos, tres años antes la UCRI había obtenido el 26% de los sufragios.

Es indudable que el resultado electoral del MID es inseparable del final frustrante de la experiencia presidencial de 1958, pero también de los vaivenes de Frondizi frente a los militares y el peronismo. A ellos se debe agregar la dificultad de recepción del discurso desarrollista entre la población. Este consistía esquemáticamente en una nacionalidad incompleta por la insuficiencia del desarrollo, que requería de un Frente Nacional, con la obligada participación del peronismo por ser representante de la clase trabajadora. Sin embargo, más allá de que la palabra “desarrollo” fuera presentada como símbolo discursivo de los desarrollistas, lo cierto era que el crecimiento sostenido basado en la industria no era monopolio temático de aquellos: estaba en el sentido común del momento, en parte merced a la prédica de Frondizi y sus partidarios. Sin embargo, su significado se había distorsionado al diagnosticar a la Argentina como un país estancado, sensación desmentida por los datos, y que fuera explotada por los medios de comunicación ligados al golpismo (Jáuregui y Keifman 2022, 173-175).

Cabe la reflexión acerca de si el modelo de desarrollo, sostenido en el shock inversor de origen externo en la industria como eje central del programa del nuevo partido, se correspondía con las necesidades del crecimiento económico del momento. La primera objeción que se presenta consiste en evaluar si era posible un nuevo shock inversor, como el de 1958-1961, a mediados de la década de 1960 sin modificar la estructura del comercio exterior, especialmente sin incrementar la participación de las exportaciones en el producto bruto. La segunda observación que salta a la vista radica en la contradicción entre sostener al desarrollo capitalista como objetivo supremo de la acción política y el apoyo a los “planes de lucha” de la Confederación General del Trabajo. En tercer lugar, a los frondizistas les cabía la duda acerca de la relación secuencial entre democracia y desarrollo. La Teoría de la Modernización esbozada en la década de 1950 reconocía su interdependencia recíproca, aunque no llegaba a precisar estrictamente precedencia. Lipset (1959) postulaba que el desarrollo era en sí un proceso de democratización; es decir que, a medida que un país se desarrolla afianza su condición democrática. Sin embargo, las experiencias latinoamericanas indicaban según ciertos analistas que el desarrollo no impulsaba la democracia. Tal el caso de Brasil que mostró que el impulso desenvolvimentista de Kubitschek no se tradujo en el afianzamiento de las conductas democráticas bajo los mandatos de Quadros y Goulart. La evolución de la Guerra Fría -por su parte- iba por otros caminos lógicos hacia la misma conclusión. Si en los años cincuenta la democracia estaba vinculada al capitalismo y a la cultura occidental, la inestabilidad y la conflictividad vividas en esos años presentaban a la alternativa autoritaria como una opción razonable para acortar el recorrido que llevaba al desarrollo pleno.

El desarrollismo profundizaba el sesgo ideológico, y si bien lo posicionaba lejos de la heterodoxia cepalina que había adoptado como propia el Radicalismo del Pueblo, lo alejaba también de la ortodoxia de antiguos funcionarios suyos como Alsogaray y Pinedo. La narrativa antioligárquica y antimperialista pasaba a ser una nota singular dentro de una propuesta abiertamente favorable a la libre empresa. Esta particular situación hacía que el diálogo con los distintos actores políticos –no económicos o sociales– fuera difícil. Si hurgamos más fino, vemos que el análisis con reminiscencias marxistas derivaba en la afirmación del crecimiento capitalista que coincidía con el discurso del establishment. La descripción de la coyuntura de mediados de los ‘60 convergía en la idea de que la institucionalidad vigente, a pesar de la evidencia empírica, se encaminaba al estancamiento. Apelando a tópicos fiscalistas y proteccionistas, se culpaba al gobierno de esa posible deriva.

El desarrollo queda explicitado como el objetivo superior de las mismas instituciones de la Constitución. En la entrevista que le hizo Bernardo Neustadt a Frondizi en mayo de 1964, el periodista le inquirió sobre el golpismo. Primera Plana que glosó la nota sostuvo que nadie se atrevía a afirmar si Frondizi era o no golpista. "Yo he insistido siempre —dijo— en que la legalidad es un medio, y no un fin. Mi preocupación fundamental en este momento de la vida argentina es qué país queremos construir. Queremos hacer una Patria grande. La queremos hacer a través de las formas institucionales. Pero si las formas institucionales no resisten esa posibilidad, la Patria grande va a ser lo mismo realizada."[22]

Esta frase nos coloca frente al problema de la participación de los desarrollistas en el golpe de junio de 1966 que puso fin a la presidencia de Illia. Si bien no podría afirmarse que fueron responsables de ese golpe (algo que podrían compartir con los otros partidos legales), el respaldo al ordenamiento legal estuvo lejos de ser categórico, desde el momento que se impugnaban como ilegítimas las elecciones presidenciales de julio de 1963: se culpaba al Radicalismo del Pueblo por las condiciones que habían permitido la victoria de julio de 1963 y que habían sido impuestas por los mismos que los derrocarían. En la correspondencia particular de Frondizi se advierten algunas muestras de simpatías, al menos “comprensión” del golpe. La revista Qué destacaba en sus artículos el rol trascendente de los militares, así en sentido genérico: “Las fuerzas armadas son un sector del país que afectan los problemas nacionales y que a diferencia de otros sectores tienen condiciones suficientes de organización y unidad que las transforman en instrumentos inevitablemente activos. Durante la presidencia de Frondizi, los militares no consideraron importante la economía, pero ahora tomaron consciencia de la trascendencia que tiene para la solución de los problemas nacionales”.[23] En otra entrevista que le diera al semanario Primera Plana, Frondizi declaraba que las Fuerzas Armadas habían pasado a ser desde septiembre de 1963 favorables al desarrollo nacional. Y agregaba: “No es posible alcanzar las coincidencias nacionales básicas sin participación de las Fuerzas Armadas”.[24]

Uno de los dirigentes que mostraba en la correspondencia con Frondizi mayor cercanía a los militares era Raúl Uranga quien, en fecha tan temprana como junio de 1964, advertía que tal vez no habría que preocuparse mucho por la interna con los alendistas ya que antes o después de las elecciones legislativas previstas para marzo de 1965, los azules instaurarían una dictadura militar de tipo popular que tendría (según suponía) apoyo peronista.[25] Mas tarde, exhortaba a Frondizi para que defendiera varios candidatos militares para la gobernación de Entre Ríos[26]. Es posible que estas gestiones de Frondizi y Uranga fueran consecuentes con las negociaciones anteriores en la campaña electoral de 1963. De todos modos, podríamos concluir que la posición de Frondizi frente al golpe de Onganía tuvo una ambigüedad que buscaba homenajear su trayectoria de dirigente democrático pero que no alcanzaba para adoptar una defensa clara de las instituciones. En los primeros días de junio de 1966, Frondizi tuvo dos reuniones reveladoras en las que se adjudicó una posición formalmente legalista. Primero se encontró con Alende y juntos analizaron la estrategia electoral futura de ambas agrupaciones, que descartaba la fusión, pero consideraban la posibilidad de integrar algún frente en las elecciones previstas para 1967.[27] Más tarde tuvo una cena con el secretario de Guerra, general Eduardo Castro Sánchez, en la que se definió como antigolpista, aunque sin dejar de lado que el objetivo era el desarrollo más allá de cual fuera el régimen político en el que se alcanzara.[28]

Conclusiones

Como hemos visto, el golpe de 1962 tuvo una enorme gravitación por su impacto económico, social y político. La profundidad de la crisis interna entre los altos mandos dejó al país al borde del vacío de poder. La salida política fue concebida desde el gobierno de Guido como la solución tanto para los problemas internos como a los externos de las Fuerzas Armadas.

La convocatoria a las elecciones debía resolver ambas crisis, la económica y la política, intentando influir sobre los protagonistas de las elecciones de la manera más intensa posible. Visto el resultado de la experiencia presidencial pasada, se hacía evidente que no podía soslayarse la participación del peronismo. Pero, ¿cómo? Se trataba de devolverle a Perón cierta capacidad participativa sin que pudiera definir la futura configuración del Poder Ejecutivo Nacional.

Dentro de los partidos políticos, legalmente reconocidos, los dos radicalismos pasaron a tener un papel estelar. En estas condiciones, ¿cuál sería la postura del radicalismo intransigente? En primer lugar, se trataba de recuperar protagonismo cuestionando la acción de aquellos que habían sido responsables de la interrupción del período presidencial. Luego, la operación consistía en culpar a los “colorados” y a los apoyos civiles, principalmente del radicalismo del pueblo. El triunfo “azul” de septiembre de 1962 y la entronización de Onganía al frente del Ejército fue presentada como el triunfo de los legalistas y, por consiguiente, de los que se habían opuesto al golpe de marzo. Tomando como referencia al comunicado 150, los nuevos jefes del Ejército eran partidarios de la integración del peronismo en la vida política nacional, quedando su formulación precisa para la futura convocatoria electoral. Desde su prisión Frondizi apoyaba una estrategia de resultados imprevisibles. Es indudable que el principal impulsor de la misma dentro del círculo frondizista era Frigerio, encargado de mantener los puentes con Madrid.

El sistema político se hallaba desarticulado ante la gravitación de actores que operaban en los márgenes de la institucionalidad: las Fuerzas Armadas, el sindicalismo y el propio Perón. El frondizismo intentó acercarlos mediante una estrategia frentista cuyo fracaso no fue imputable al desarrollismo sino a las resistencias de los demás actores involucrados. El abandono del proyecto frentista erosionó la legitimidad del gobierno de Illia, a quien los desarrollistas identificaron como el adversario central, motivados en parte por el rol que la UCRP había desempeñado al presionar por la dimisión de Frondizi en 1962. Por otra parte, la fragmentación de la UCRI resultó inevitable: el liderazgo personalista de Frondizi era incompatible con la autonomía política de Alende. Tras la ruptura de la UCRI y la dificultad de sostener la continuidad del MIR prevaleció la tesis de Rogelio Frigerio de fracturar el vínculo con la tradición radical para fundar el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). Este giro estratégico generó tensiones con los antiguos cuadros del radicalismo intransigente, representados por Sylvestre Begnis[29]. De tal forma, terminó imponiéndose en Frondizi y en el frondizismo la ideología puramente desarrollista de Frigerio sobre la lógica más puramente política de los antiguos radicales.

Más allá de los dilemas organizativos y discursivos del ex ucrismo, ¿era factible el impulso al desarrollo en esas condiciones institucionales de mediados de la década de 1960? Se ha visto que los resultados económicos de la presidencia de Illia habían sido notablemente buenos, aunque en 1966 comenzaban a languidecer. Sin embargo, considerando el largo plazo, el desarrollo requería considerar la proscripción del peronismo. Esta exclusión, que parecía de alguna forma inevitable para la mayoría de los militares, suponía la imposibilidad de resolver la conflictividad social que pasaba a ser la amenaza latente de las políticas y los programas de desarrollo. La cuestión irresuelta radica entonces en imaginar la posibilidad contrafáctica de haber alcanzado la integración del peronismo dentro de las instituciones sin pasar por el ensayo a la larga fallido de una dictadura militar modernizadora.

 

Referencias bibliográficas

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[1] La historiografía ha encarado este tema de manera tangencial con algunas salvedades trascendentes. Los más destacados son los trabajos de O’Donnell (1972), Rouquié (1982), Smulovitz (1991), Kvaternik (1994), Potash (1994).

[2] Según Huntington (1972) el pretorianismo de masas es la expresión de una modernización hiperactiva pero políticamente decadente: una sociedad donde la política se traslada por completo a las calles porque las instituciones carecen de la fuerza, la autonomía y la legitimidad necesarias para gobernar las ambiciones de todos los actores sociales al mismo tiempo. Así, cada partido político busca en este orden su propio lugar para cobijarse en los cuarteles.

[3]  Existía un importante grupo de dirigentes que se insertaban dentro del neoperonismo y que actuaban con autonomía frente a Perón. La misma Unión Popular, fundada por A. Bramuglia en diciembre de 1955 integraba ese espacio, aunque ahora pasaba a ser parte de las negociaciones entre Perón y los militares por las candidaturas. Otro dirigente de ese espacio era Raúl Matera que quiso ser presidente por la Democracia Cristiana, pero fue vetado (Melón Pirro, 2011). Por otra parte, ya era evidente la autonomía con que actuaba el dirigente metalúrgico Augusto Vandor, que encarnaba al sector negociador sindical frente a la línea dura de Andrés Framini, quien se oponía a la idea de un peronismo sin Perón (James, 2006, pp. 219-220).

[4] M. Montemayor, “El nuevo plan “Galleta”, Primera Plana, 27, 14 mayo 1963, p. 4

[5] Según R. Fraga (2026) actuaba como colorado, porque en definitiva es “lo que era”. Rosendo Fraga, Entrevista, 2 de marzo de 2026.

[6] “Pérez Companc: apoyos, slogans en contra y un interrogante”, Primera Plana, 27, 14 de mayo 1963, p.8

[7] “Frondizi: Documento de apoyo al frente”, Democracia, Junín, 1 junio 1963. AR-BNMM-ARCH-CEN-AF. Caja 1771-1773, Diarios, Revistas (Recortes). 

[8] “Alende puede sumar votos al frentismo”, Primera Plana, 33, 25 de junio de 1963, pp. 8-9.

[9] Este pronóstico luce desconcertante, aunque es posible que pesaran los intereses políticos que pesaban en la dirección de esta revista a través de algunos colaboradores como Mariano Montemayor de estrecha vinculación con Frigerio “Con reglas de juego confirmadas y pocas probabilidades golpistas”, Primera Plana, num. 34, 2 de julio de 1963, p. 3.

[10]  Rosendo Fraga, Entrevista, 2 de marzo de 2026.

[11]  Gómez Machado a Frondizi, Rosario, 6 de julio 1963, AR-BNMM-ARCH-CEN-AF. Correspondencia 1963, letra G.

[12] Frondizi era todavía una de las figuras más destacadas del espectro político del país. En las elecciones de marzo de 1962 la UCRI había alcanzado un 26% en las elecciones legislativas nacionales. En 1958 la fórmula presencial ucrista había logrado el 45 % de los votos emitidos. Aquí prevaleció que  Frigerio había apostado por Solano Lima, lo que terminó siendo un callejón sin salida (Morando,2016, p. 238).

[13]  Tonelli a Frondizi, La Plata, diciembre 22 de 1962. AR-BNMM-ARCH-CEN-AF. Correspondencia 1962, letra T.

[14]  Uranga a Frondizi, Paraná 8 de septiembre de 1963. AR-BNMM-ARCH-CEN-AF, Correspondencia 1963. Letra U.

[15] Entrevista a Carlos Altamirano, 16 de febrero de 2026.

[16] “MIR: Constituyóse la Junta; Visita a Frondizi”, Clarín, 17 de noviembre de 1963, p. 13.

[17] La relación de Frigerio con Perón era ambigua ya que por una parte era asumida a título personal y por la otra en representación de Frondizi (Prieto,1975). Según la interpretación de Perina, (1980, pp. 81-83) esa ambigüedad permitió a Perón subordinar a Frondizi a sus objetivos.

[18] En un nuevo escenario, el ex presidente iba a acentuar los aspectos intelectuales de su figura pública a través de su actuación en el Centro de Estudios Nacionales. Altamirano, 1988, p. 71.

[19] Existían varios agrupamientos informales de dirigentes que no tenían un vínculo preferencial con Frigerio. Entre ellos se destacaba el grupo de dirigentes con arraigo electoral, conocido como la línea del litoral y encabezada por Silvestre Begnis, Gómez Machado y Uranga, que había intentado llegar a acuerdos con Alende; un segundo sector línea generacional la denomina Primera Plana, encabezado por Julio Oyhanarte, Melchor Posse e Ideler Tonelli. Un grupo menor pero activo estaba representado por el Movimiento Combatiente de Alfredo Vítolo “Por ahora Alende es el que manda” Primera Plana, 38, 30 de julio de 1963, pp. 2-3.

[20] “Declaraciones de Frondizi”, El Cronista Comercial, 15 de agosto de 1964. Qué sucedió en 7 días, miércoles 9 de diciembre de 1964, p. 6.

[21] Entrevista a Carlos Altamirano, 16 de febrero de 2026. Para una descripción detallada, sesgada por antipatía personal, de Rogelio Frigerio y su relación con Frondizi, Perina, (1980).

[22] “Frondizi devuelve algunas pelotas” Primera Plana, 81, 26 de mayo de 1964, p. 7.

[23] “Fuerzas Armadas. Verano pacífico, pero con preocupaciones”, Qué, 241, febrero 1964, p.10.

[24] “Arturo Frondizi. Otra vez en la búsqueda de las coincidencias”, Primera Plana, 72, marzo 1964.

[25] “Los azules darán un golpe para ganarles de mano a los colorados y sentarán una dictadura de tipo popular con mucho dinero suministrado por los amigos del Pentágono”. Uranga a Frondizi, Paraná, 21de junio de 1964. AR-BNMM-ARCH-CEN-AF. Correspondencia 1964, letra U.

[26] Uranga a Frondizi, Paraná, 4 de junio de 1966 y 1 de julio de 1966, AR-BNMM-ARCH-CEN-AF. Correspondencia 1966, letra U.

[27] “Frentismo sale a las diez”, Primera Plana ,182, 21 de junio 1966, p.18.

[28] “Una cena”, Primera Plana, 182, 21 de junio de 1966, p.14.

[29] El político frondizista con mayor cantidad de votos como quedó demostrado en 1973, cuando se impuso en las elecciones de gobernador de Santa Fe por el FREJULI