Mariana Rosetti. Letrados de la Independencia. Polémicas y discursos formadores. Buenos Aires: CLACSO, 2023, 323 PP.
Por Bruno Spagnuolo
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires
Buenos Aires
Argentina
https://orcid.org/0009-0001-6075-2226
PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,
Año 18, N° 36, pp. 202-205
Julio-Diciembre de 2025
ISSN 1853-7723
ARK-CAICYT
https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/g5z7h1rri
El libro de Mariana Rosetti, Letrados de la Independencia. Polémicas y discursos formadores, se instala, en varios limina, umbrales donde las categorías, los saberes y las voces se cruzan y redefinen: entre la historia y la literatura, entre la colonia y la independencia, entre la voz peninsular y la americana. Esa posición intermedia no sólo define su objeto, sino también su modo de abordarlo atravesando el terreno movedizo donde las categorías aún no se fijan y las palabras todavía están en disputa.
En ese mismo gesto liminar, despliega una operación metodológica de gran alcance: construir, antes que una interpretación cerrada, un espacio de confluencia entre tradiciones historiográficas y literarias. Los extensos estados de la cuestión que abren los capítulos no funcionan como meras antesalas eruditas, sino como laboratorios donde Rosetti pone a dialogar enfoques y categorías provenientes de campos distintos, tensionando sus fronteras y revelando sus zonas de solapamiento.
El primer capítulo ofrece un recorrido minucioso por las renovaciones historiográficas sobre los procesos independentistas y al rol de los letrados, atendiendo especialmente a las transformaciones del debate sobre la modernidad, la tradición y la existencia o ausencia de una esfera pública en América y su relación con la peninsular. El tercero se concentra en las adjetivaciones y variantes del término “letrado” (colonial, criollo, patriota, publicista, etc.), brindando un panorama de las discusiones e interpretaciones del rol de estos sujetos desde una integralidad multidisciplinar que da cuenta de un enorme trabajo de erudición por parte de la autora. En la misma línea, el cuarto capítulo aborda el surgimiento del americanismo a partir de las prácticas literarias, revelando la manera en que la producción textual participa activamente en la invención del continente como espacio cultural propio. En conjunto, estos estados de la cuestión no sólo trazan un mapa exhaustivo del campo, sino que lo reorganizan críticamente, ofreciendo nuevas herramientas conceptuales para pensar la relación entre discurso, saber y política en el mundo hispánico de comienzos del siglo XIX. Sin dudas estas síntesis multidisciplinares de los debates que han renovado el campo en las últimas décadas es uno de los aportes que hace del libro material de consulta obligada y, sobre todo, herramienta metodológica clave para el o la investigadora que busque abordar estas temáticas en el futuro.
En la misma línea de liminalidad se instala el objeto del libro. Lo que hábilmente la autora presenta como “Letrados de la Independencia” está lejos de ser un sujeto cristalino. El título, de esta forma, consigue nombrar y no nombrar a la vez. Su objeto, los letrados americanos y su actuación en tiempos de la independencia, tiene la característica clásica de aquellos que han sido revisitados múltiples veces por las ciencias sociales: la forma en que se los denomina tiende a ubicar a quien nombra en una u otra interpretación. Rosetti, apoyada en las preexistentes, busca realizar su aporte a un debate siempre abierto ¿Cómo definir a ese universo de letrados, participantes de los procesos independentistas que, sin ser ya netamente coloniales/tradicionales, tampoco han devenido republicanos/modernos?
Para abordar la cuestión, selecciona la geografía de Nueva España y las figuras de Servando Teresa de Mier y José Joaquín Fernández de Lizardi, que la experiencia historiográfica ha consagrado modélicos. Ambos se formaron, aunque de modos distintos, dentro del orden colonial y comenzaron su labor intelectual en su seno, pero sus trayectorias los condujeron a tensionar y desestabilizar los fundamentos mismos de ese universo, abriendo así el espacio para nuevas formas de pensar lo americano y lo político.
Esta selección de casos le permite construir su segundo capítulo alrededor del guadalupanismo, partiendo del famoso sermón pronunciado por Mier en 1794 que resultó un parteaguas en su propia biografía. El guadalupanismo de Mier se incluye en una misma continuidad con la evangelización tomista americana para ubicar el rol de la península menos como los presentadores de La Palabra y más como quienes la recordaron. Santo Tomás y la Virgen de Guadalupe, de esta forma, cobran importancia dentro de un ‘archivo americano’ que va construyendo un locus de enunciación cada vez más independiente del peninsular. La creación de este locus es una de las ideas fuerza del libro.
Por un lado, el abordaje se inscribe claramente en una tradición literaria: Rosetti examina los recursos, los posicionamientos y los lenguajes empleados por Mier y Lizardi. A la vez, es enteramente histórico al reconstruir las transformaciones de los posicionamientos y estrategias político-personales de ambos a lo largo de sus trayectorias. En esas mutaciones cobra fuerza la noción de una edición del ‘archivo americano’ emprendida por estos letrados frente al desconocimiento o los prejuicios de la metrópoli. Así, el locus de enunciación americano también se construye mediante la apropiación y resignificación de formas literarias típicamente europeas, como la apología en Mier y la sátira en Lizardi. Desde ese espacio de enunciación americano se afirma una pertenencia a la ‘república de las letras’ que, al reivindicar una posición de igualdad con el mundo peninsular, pone de relieve el lugar subordinado que se asumía para los americanos.
La creación de ese locus americano cobra carnadura en el análisis de la traducción de la novela Atala por parte de Mier y Simón Rodríguez en París descrita en el quinto capítulo. No casualmente, el capítulo se completa con la reconstrucción de la particular inserción de los americanos en la ‘República de las Letras’ y en el universo cultural occidental. A la imagen clásica del ‘viajero’, se le opone por parte de Lizardi y Mier la del ‘náufrago’ que troca la categoría de observante ‘externo’ por la de ‘desplazado’. De esta forma, la creación de un locus propiamente americano, sin dejar de ser una forma de ubicarse en el universo letrado, se presenta como denuncia abierta e invitación a la reconfiguración del vínculo americano-peninsular.