María Victoria Baratta. Alberdi. Buenos Aires: Crítica, 2024, 248 pp.
Por Pablo Roffé
Universidad Nacional Arturo Jaureche
Universidad de Buenos Aires
Buenos Aires
Argentina
PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,
Año 18, N° 36, pp. 193-195
Julio-Diciembre de 2025
ISSN 1853-7723
ARK-CAICYT
https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/g5z7h1rri
Uno de los postulados centrales de las perspectivas de la historia intelectual que colocan el foco en la dimensión pragmática del lenguaje, como la que construye la denominada Escuela de Cambridge, reside en el debilitamiento de los límites que separan las ideas de la realidad. En efecto, concebir a un texto como un acto de habla implica considerarlo como una intervención concreta -“real”- sobre una situación particular, nacida de las intenciones de quien la ejecuta -en este caso, el autor-, que descansan, a su vez, en su lectura de dicha situación -en su “idea” del contexto en que se inserta-.
María Victoria Baratta inscribe su flamante Alberdi, publicado por Crítica en 2024, en un presente que, a sus ojos, ofrece al abogado tucumano una deriva signada por dos tendencias. Por un lado, la que lo convierte en una figura menos conocida que otras para los propios habitantes del suelo argentino; por el otro, la que lo trae al debate público contemporáneo, gracias, en buena medida, a las constantes alusiones a él hechas por el actual Presidente de la Nación -una tendencia, esta última, que, por lo demás, se vería reforzada al poco tiempo de la aparición del libro, con la puesta en circulación del billete de 20.000 pesos, que porta el rostro del prolífico escritor-.
Sin dejar de proponer algunas hipótesis para dar cuenta de ese olvido que pesa sobre su personaje (tales como la ausencia de un feriado en su honor, la circunstancia de que no haya peleado en ninguna guerra o, incluso, el encono personal hacía él por parte de quienes llevaron a cabo los primeros trabajos sobre historia argentina), la autora invita a reflexionar acerca de los usos políticos que, al obedecer a intereses del presente más que a la búsqueda de una reconstrucción del pasado, terminan generando imágenes muy parciales de ellos: fotos de películas más abarcativas.
Con esto, Baratta no pretende negar, en nombre de una supuesta verdad a la que sólo puede acceder la historia, uno de los recursos implementados en las disputas políticas, que no siempre constituyen artilugios deliberadamente creados para provocar confusión y manipular, sino que, por lo general, expresan filiaciones a determinadas tradiciones políticas y culturales. Por el contrario, nos aclara, desde el inicio de su libro, que el cometido de la mencionada disciplina no consiste en coleccionar datos del pasado sino en brindar una interpretación de ellos, la cual se encuentra ineludiblemente ligada a una perspectiva particular. Que semejante afirmación manifieste una profunda convicción de la autora en relación a su propio campo profesional, y no sea una mera evocación de la corrección política, lo demuestra la incorporación, en distintos pasajes de su texto, de una pluralidad de voces heterogéneas que, dentro de ese mismo campo, se pronunciaron sobre diferentes momentos de la vida de Alberdi: desde la de Coriolano Alberini hasta la de José Pablo Feinmann, pasando por las de Natalio Botana, Oscar Terán, Carlos Altamirano, Jorge Myers, Elías Palti y Fabio Wasserman, entre otros.
Pero sí sostiene que la historia está en condiciones de proporcionar, al menos, un aporte valiosísimo a la discusión pública, en general, y la de nuestros días, en especial, a saber: el de la contextualización, lo cual impide que se incurra en anacronismos. Por ejemplo, el que se comete cuando se identifican los propósitos de Alberdi al elaborar su obra Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina con un presunto afán de destrucción del Estado. Lejos de esto, el tucumano se proponía allí establecer los cimientos sobre los cuales aquel debía erigirse. O bien el que se produce cuando se atribuye a esa “República Argentina” mentada en el título la cantidad de población y el territorio que tiene en la actualidad, sin contemplar que, para 1852, albergaba apenas un millón de habitantes y no incluía ni la Patagonia ni Formosa.
Finalmente, en aras de que tan enriquecedor aporte alcance su destino, Baratta consigue acercar la producción académica a un público amplio, a través del despliegue de una escritura afable que posibilita una lectura fluida, así como por medio de gestos que buscan generar complicidad con los lectores. Entre ellos, la descripción detallada, con la que inicia su texto, de la travesía que realizaron “las Bases de Alberdi” para llegar a una residencia en Palermo, Buenos Aires, desde Valparaíso, que torna inevitable la comparación con la época presente, en la que los mensajes circulan a una velocidad sideral; la evocación de una película reciente, La sociedad de la nieve, y del libro en que se inspira, referidos ambos a un tema muy distinto del que nos habla la autora -la llamada “tragedia de Los Andes”-, para reflexionar sobre la labor de los historiadores; o bien, la referencia a diálogos entablados por ella con su hija.