Pablo Gerchunoff. La imposible república verdadera. Argentina, 1903-1930. Buenos Aires: Edhasa, 2024, 248 pp.

Por Ignacio A. López Unzien

 

Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”

Universidad de Buenos Aires

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Buenos Aires

  Argentina

https://orcid.org/0000-0003-4816-9406

 

 

PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,

Año 18, N° 36, pp. 187-189

Julio-Diciembre de 2025

ISSN 1853-7723

ARK-CAICYT

https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/g5z7h1rri

 

 

La imposible república verdadera de Pablo Gerchunoff retrata la política argentina durante un lapso de tres décadas decisivas. El recorrido comienza en 1903, penúltimo año de la segunda presidencia de Julio A. Roca y año de inicio de la reorganización de la Unión Cívica Radical conducida por Hipólito Yrigoyen, y finaliza en 1930, momento de la revolución militar que derrocó al primer presidente radical. El libro se ubica, así, como una suerte de contracara de El Eslabón perdido (Edhasa, 2016) referido a los problemas y desafíos de la política económica de los gobiernos radicales en tiempos de la primera democratización.

El libro se estructura en cinco capítulos. El primero relata la reorganización radical y la consolidación del liderazgo partidario de Hipólito Yrigoyen, su transformación en partido burocrático de masas y las estrategias y debates en torno a la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912, así como su ascenso a la administración. Un segundo capítulo aborda la llegada de Marcelo T. de Alvear como segundo presidente radical y la lucha subterránea entre figuras conspicuas de la oposición a Yrigoyen. Allí se relata cómo Alvear navegó entre la lealtad al líder y un estilo propio que lo llevó a construir su propia conducción. Además, abrazó una cultura política más liberal en lo político, pero que mantuvo el progresismo en materia socioeconómica. Un tercer capítulo rescata los entretelones de las elecciones presidenciales de 1928, la conformación de una coalición antiyrigoyenista y el regreso “plebiscitario” del viejo caudillo radical. El cuarto narra los principales acontecimientos políticos, los cambios que conllevó y los más acuciantes desafíos institucionales de la tercera administración radical. Por último, el quinto reconstruye, con tonalidades shakesperianas –una apuesta del autor por traer a primer plano las emociones y vulnerabilidades de los protagonistas–, cómo la incertidumbre rodeó el fin del gobierno de Yrigoyen hundido en dificultades para tomar decisiones ante el avance del complot conspirativo.

En la obra conviven “dos almas” como las de Alvear, según sentencia Gerchunoff. Una primera, nos remite a la contingencia y la indeterminación de los procesos políticos cuya autonomía desafía determinismos. Así, la narración viaja por las decisiones de la alta política, los vericuetos de los protagonistas y las disputas palaciegas de múltiples actores que la mayoría de las veces se esconden del escrutinio público.

La segunda nos remite a la lucha espiritual entre dos formas de entender el juego democrático, en la cual transcurre esa primera experiencia radical; tema caro y bien estudiado por la historiografía política del período. Por un lado, una tendencia del radicalismo encarnada en Yrigoyen, más plebiscitaria y dispuesta a la aspiración hegemónica, aun cuando ello vulnerase la relación con el Congreso nacional y el principio federal. Otra, anclada en el republicanismo y el pluralismo, más propensa a aceptar la fragilidad y los vaivenes del equilibrio de poder. En este sentido, el libro narra muy bien el perfil de sus dos roles protagónicos. Ofrece indicios e hipótesis del “enigma” Yrigoyen y recupera la construcción su liderazgo dentro del partido, pero también su personalidad como piloto de la contingencia y paladín de la voluntad, que encontró, ante el deterioro inexorable de su salud física, serios problemas en la resolución de conflictos que resultaron cruciales para su final político. Como sentenció Halperin Donghi en “El enigma Yrigoyen” (Prismas 2, 1998: 13), este líder de “enorme capacidad organizativa” y que vivió mentalmente en 1870, fue producto del autonomismo porteño y la política comiteril, pero transitó hacia un liderazgo moderno promediando los años veinte. Gerchunoff argumenta muy bien este cambio que lo llevó a embanderar un programa más nítido con temas cruciales como el del petróleo. Allí sus opositores cerraron filas más estrechamente ante lo que percibieron una amenaza para la democracia liberal no solo por sus formas sino luego por su “contenido”. El segundo protagonista es Alvear, dibujado en la narración como un político astuto y pragmático que navegó entre la lealtad y la traición; operación natural de cualquier político de raza que pretende construir un proyecto político propio. Gerchunoff lo presenta, así como un verdadero “malabarista”.

El libro anuncia en su título e inicio una clave gibboniana: en la república radical estarían las raíces de su propia destrucción. Pero al final repone la incertidumbre y la contingencia como elementos centrales del proceso político, donde muy frecuentemente lo ilógico y lo imprevisible impera, al decir de un expresidente argentino, y marca un punto de inflexión en el curso de los acontecimientos.