Florencia Roulet. De malones, cacicas y parlamentos. El arte de la diplomacia en las fronteras. Buenos Aires: Sb editorial, 2025, 245 pp.

Por Agostina Paola Lopez

 

Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales

Pontificia Universidad Católica Argentina

Grupo de Estudios e Investigaciones de Procesos Políticos

Universidad de Buenos Aires

Buenos Aires

  Argentina

https://orcid.org/0000-0001-7374-0577

 

 

PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,

Año 18, N° 36, pp. 184-186

Julio-Diciembre de 2025

ISSN 1853-7723

ARK-CAICYT

https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/g5z7h1rri

 

El arte de la diplomacia en las fronteras de América del Sur entre el imperio colonial español y las comunidades indígenas autónomas (siglos XVIII-XIX) se ha consolidado como un tópico central en la agenda de las últimas investigaciones antropológicas e históricas. Este es precisamente el objetivo de análisis que realiza la historiadora Florencia Roulet en su último libro. De malones, cacicas y parlamentos está compuesto por seis capítulos y un apéndice documental con dieciséis fuentes transcriptas y recoge dos décadas de investigación sobre la temática. Su interés geográfico corresponde al sur de Buenos Aires y Mendoza. A partir de documentos de la administración colonial, la Compañía de Jesús y actas de Cabildos, analiza una polifonía de voces para comprender la experiencia social de los sujetos implicados.

La concertación fronteriza y los períodos de paz quedaron opacados en la historiografía ante la generalización de la violencia. Roulet se propuso indagar los contextos de producción de los tratados y logró ofrecer otra imagen. Con un enfoque etnohistórico y microhistórico se propuso “darles voz” a colectivos subalternos, especialmente a las mujeres indígenas que adquirieron un rol protagónico como artífices de acuerdos de paz.

En su capítulo inicial, Roulet analiza el ataque al pago de la Magdalena (1740) para ilustrar un cambio en la “correlación de fuerzas” (p.38). Lejos del “salvajismo”, lo presenta como una estrategia política calculada—un weichan—para forzar la negociación. En su segundo apartado indaga las capitulaciones por la paz (1742). Para los indígenas fue un coyatun (parlamento con acuerdo); para los españoles, un instrumento jurídico para recuperar cautivos. El registro escrito se halla en el Archivo de la Real de la Historia de Madrid, pero no informa suficientemente sobre el rol y pedido de los caciques implicados. Roulet se posiciona críticamente frente a la narrativa tradicional (Levaggi, 2000) y demuestra que muchos tratados fueron instrumentos unilaterales que invisibilizaron la agencia política indígena. Su estudio esclarece los conflictos y negociaciones de poder que subyacían a esos momentos de concordia.

Acordar la paz comprende rituales. En el tercer capítulo, la autora enumera cinco situaciones que decantaron en el éxito del acuerdo: la presentación, el anuncio de llegada, las ceremonias de salutación, las parlas e intercambio de regalos y la unión bajo parentesco. En este espacio, las mujeres actuaron como mediadoras con conocimientos lingüísticos y protocolares. Su presencia era un “indicador fiable” del acuerdo (p.83). Cuando había hostilidad, funcionaban como embajadoras para intercambiar prisioneros. La documentación permitió hallar mujeres indígenas en roles diversos; por ejemplo, Francisca—mujer de un cacique serrano—, quien gestionó un acuerdo de paz con el virrey en Buenos Aires (1741). La historiadora, en la cuarta sección, define a estas embajadoras como “dueñas de su destino”, capaces de negociar acuerdos y hacer negocios (p.130).

Con el término “masacre-reparto”, engloba las prácticas españolas tierra adentro (Jiménez et al., 2021); un concepto que deja entrever la violencia estructural en las fuentes. Como aclara, la sexualidad era tabú y solo aparece en ellas si hubo gravedad. Gracias a su obra, sabemos que mujeres indígenas emprendieron un camino judicial para denunciar ante el Protector de Naturales. Por ende, las reglas de la sociedad blanca también fueron herramientas para resistir.

En el quinto capítulo, Roulet distingue conflictos intraétnicos entre pehuenches, pampas y ranqueles. El dominio de la escritura y contar con un escriba fue lentamente una necesidad entre sociedades indígenas. Quienes primero ejercieron como escribas fueron agentes externos. Empero, existieron excepciones, como Fray Francisco Inalicán, quien tuvo rol de lenguaraz en la empresa sanmartiniana. Su papel como “orfebre de la palabra indígena” es analizado en el sexto apartado (p.173).

En suma, esta obra tiene como protagonistas a los indígenas del sur de Buenos Aires y Mendoza, enfatizando su agencia política y mostrando como las mujeres, en tanto cacicas, comerciantes o rehenes, transitaron fronteras y dejaron huellas. De este modo, con nuevas preguntas a la documentación la autora encontró a aquellas mujeres con marcas étnicas opacadas por la historiografía. En este sentido, considera fundamental comprender la diplomacia fronteriza no como mero marco legal, sino como un arte donde la agencia femenina fue central y propone una lectura a contrapelo para pensar las lógicas de quienes vivieron el fin del orden colonial y los albores de las nuevas naciones. Este trabajo, así, abre la puerta a futuras investigaciones sobre las redes comerciales y el rol de las mujeres en la frontera.