fausta Gantús y Alicia Salmerón (coords.). Emociones en clave política: el resentimiento en la historia. Argentina y México, siglos XVIII–XX. Rosario: Prohistoria Ediciones, 2024, 274 pp.
Por Maylén Bolchinsky Pinsón
Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales
Universidad Nacional de Mar del Plata
Mar del Plata
Argentina
https://orcid.org/0009-0009-2765-7620
PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,
Año 18, N° 36, pp. 172-174
Junio-Diciembre de 2025
ISSN 1853-7723
ARK-CAICYT
https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/g5z7h1rri
Desde el “giro afectivo”, el estudio de las emociones ha captado un interés creciente en la historiografía, por su potencial renovador para abordar problemas clásicos de la historia política. En sintonía, el libro coordinado por Gantús y Salmerón toma al resentimiento como clave interpretativa de dinámicas centrales de las vidas públicas mexicana y argentina entre los siglos XVIII y XX.
La obra concibe el resentimiento como una experiencia dolorosa, originada en agravios percibidos como injustos y caracterizada por la rumiación persistente de la ofensa, lo que la convierte en una emoción silenciosa y de difícil aprehensión histórica, a menudo solapada con afectos como el rencor o la indignación. Frente a este desafío, despliega un sólido marco teórico compartido que articula la tradición filosófica —de Nietzsche a Scheler— con aportes contemporáneos de la historia de las emociones — Ahmed, Moscoso, Nussbaum-. Este andamiaje conceptual ubica al resentimiento como una matriz afectiva capaz de producir sentidos políticos, articular identidades y movilizar peticiones de justicia y reparación.
Un primer eje del libro examina la operatividad política del resentimiento en sociedades de Antiguo Régimen y del siglo XIX. Molina analiza conflictos judiciales en el Mendoza colonial y muestra la vinculación de esta emoción con la defensa del honor y su incidencia en disputas de poder local, destacando la dimensión vindicativa de la vía judicial. Con una hipótesis audaz, Souto Mantecón considera al resentimiento y al odio como emociones fundantes de la identidad nacional mexicana. Su estudio de la prensa y la historiografía tras el pronunciamiento de José María Lobato evidencia cómo el uso político de estas pasiones fortaleció una narrativa antiespañola funcional a la legitimación de un nuevo orden. Por su parte, Rodríguez aborda la ausencia de Juan Bautista Alberdi en la Argentina entre 1857 y 1880, mostrando cómo la herida de traición y la afrenta política personal permitieron al intelectual traducir una injuria privada en un agravio de escala nacional.
Un segundo eje tematiza la circulación pública del resentimiento a través de dispositivos mediáticos y culturales. Gantús examina la caricatura en El Ahuizote como una tecnología emocional para la gestión política del afecto, mostrando cómo el lenguaje satírico amplificó resentimientos individuales contra el presidente Lerdo de Tejada y los transformó en un recurso de movilización colectiva. Salmerón, indaga en la prensa obrera mexicana (El Socialista, 1871–1888) cómo el resentimiento se articuló con demandas de dignidad y justicia social en una moral del agravio. A su vez, sugiere que el resentir pudo fortalecer lazos de solidaridad y fomentar la creación de comunidades políticas.
El volumen avanza luego hacia escenarios de movilización de masas y disputa por derechos. Navajas y Rojkind analizan las revoluciones argentinas de 1890–1893 a partir de los lenguajes emocionales que configuraron una cultura política participativa, en la que el resentimiento —alimentado por promesas incumplidas y reclamos de “vindicta pública”— emergió como un motor clave de la acción colectiva. Terán Fuentes examina la lucha agraria de las viudas de “la matanza de La Blanquita (1928–1935)” y muestra cómo la rumiación frente al despojo potenció la acción colectiva al entrelazarse con el dolor y la frustración, pero también con esperanzas de reparación. Así, el resentimiento abre paso a una praxis de justicia transmutando el sufrimiento en un nuevo compromiso vital.
Los dos últimos capítulos analizan conflictos contemporáneos. Santillán Esqueda estudia los debates sobre la despenalización del aborto en México a fines de la década de 1970, iluminando cómo el resentimiento, entrelazado con el odio y el desprecio, resultó una emoción reactiva a las exigencias feministas de ampliación de derechos. Por último, Gutiérrez examina la desindustrialización azucarera en Tucumán durante la década de 1960 y conceptualiza el resentimiento en su dimensión reparadora y vinculado a la memoria del daño. Al analizar los proyectos de ley de resarcimiento económico y moral, reconstruye las disputas por el reconocimiento de las víctimas y muestra cómo una herida abierta contribuyó a la cohesión identitaria del pueblo tucumano.
En suma, la obra ilumina las múltiples posibilidades analíticas del resentimiento para la comprensión de la historia política, mostrando la centralidad de esta emoción en la configuración de conflictos, identidades y reivindicaciones colectivas a partir de su estudio en diversos ámbitos, escalas, temporalidades y fuentes. Al mismo tiempo, la porosidad del resentimiento con otras emociones próximas deja planteado el desafío de afinar su delimitación conceptual y metodológica en el análisis histórico. La articulación entre experiencias argentinas y mexicanas constituye, además, un esfuerzo valioso que, aun sin proponerse como comparación sistemática, señala un camino fértil para futuras investigaciones. En este sentido, el libro no solo afirma un campo en construcción. También delinea una agenda de investigación orientada hacia la formulación de categorías analíticas y enfoques propios para pensar las emociones políticas desde las especificidades históricas latinoamericanas.