Hernán Confino y Rodrigo González Tizón. Anatomía de una mentira. Quiénes y por qué justifican la represión de los setenta. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2024, 249 pp.
Por Luciano Alderete
Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires
Buenos Aires
Argentina
PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,
Año 18, N° 36, pp. 166-168
Julio-Diciembre de 2025
ISSN 1853-7723
ARK CAICYT
https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/g5z7h1rri
El trabajo de Hernán Confino y Rodrigo González Tizón se encuentra atravesado por los interrogantes del campo de la Historia Reciente que, al calor de la agenda nacional, reconfigura registros de escritura y se convierte en un interlocutor activo del debate político contemporáneo. Se trata de un proyecto de divulgación histórica anfibio: dialoga tanto con las discusiones académicas como con las reflexiones de amplios sectores de la sociedad argentina que, muchas veces por primera vez, indagan sobre qué fue la guerrilla y qué el terrorismo de Estado.
La arquitectura del libro responde a un objetivo: ordenar y tematizar las narrativas negacionistas sobre los años setenta, hoy en el centro de la escena política por sectores de la extrema derecha local. A través de un análisis centrado en la interpretación bélica de la lucha política y sus consecuencias jurídicas, examina los andamiajes argumentativos que sostienen que en la Argentina existió una guerra, que la violencia insurreccional provocó la represión contrainsurgente y que las Fuerzas Armadas actuaron como salvadoras frente a un enemigo interno y extranjero.
Ese ordenamiento se centra en el concepto de “ecosistema de la Memoria Completa”, que permite comprender la articulación entre organizaciones, referentes y estrategias que disputan los sentidos de la memoria construidos por los organismos de derechos humanos y las condenas a los perpetradores en los Juicios por la Verdad. Los autores reconstruyen esa red de actores y muestran que su intervención no es meramente simbólica ni parte de la sola batalla cultural, sino que busca incidir en el terreno jurídico, especialmente en torno al juzgamiento o eventual equiparación de los crímenes de lesa humanidad. La originalidad del libro no reside tanto en proponer nuevas hipótesis sobre la represión o el terrorismo de Estado, sino en trasladar el foco hacia las tramas contemporáneas que disputan esos consensos y en sistematizar ese universo bajo la categoría de “ecosistema”, revelando coherencia interna y proyección jurídica.
En la introducción, el fenómeno se inscribe en una genealogía más amplia, estableciendo similitudes y diferencias con otros negacionismos, desde la Shoah hasta las expresiones surgidas durante la pandemia de COVID-19. La obra se estructura en cuatro capítulos que adoptan la metáfora de “trincheras” argumentativas: la primera, “La guerra que no fue”, desarma la premisa bélica y muestra cómo diluye el carácter planificado, ilegal y coordinado del terrorismo de Estado entre 1976 y 1983, orientado a rediseñar la sociedad; la segunda examina los cimientos de la “Memoria Completa”, especialmente la tesis de que las Fuerzas Armadas respondieron a una agresión previa y la reivindicación de víctimas invisibilizadas, una narrativa que permite la equiparación de responsabilidades y la victimización de los perpetradores; la tercera analiza el escenario comunicacional, donde la instalación de dudas sobre la cifra de 30.000 desaparecidos y la relativización del carácter clandestino y sistemático de la represión funcionan como estrategias para erosionar consensos democráticos; y la cuarta aborda el intento de encuadrar las acciones guerrilleras dentro de la categoría de “crímenes de lesa humanidad”, apelando a analogías con Hezbollah o Al-Qaeda y a lugares comunes del concepto de terrorismo, desplazando la disputa por la memoria hacia la redefinición del marco jurídico.
Uno de los aportes más significativos del libro es mostrar el pasaje del negacionismo y el relativismo hacia un afirmacionismo que no niega los hechos, sino que los resignifica e incluso los reivindica. La ausencia de negación explícita puede resultar más nociva que el negacionismo clásico, porque traslada la discusión hacia la legitimación moral y jurídica de la represión.
La efervescencia de la coyuntura política argentina no eclipsa las líneas interpretativas de mediano y largo alcance del libro. Las declaraciones de figuras mainstream de la extrema derecha, como Javier Milei, Agustín Laje, Nicolás Márquez o Victoria Villarruel, se inscriben en una pesquisa con rigor histórico que permite comprender tendencias globales y objetivos programáticos orientados a erosionar consensos sedimentados en la jurisprudencia internacional y en los marcos normativos que regulan los delitos de lesa humanidad, el genocidio y el terrorismo de Estado, así como su carácter imprescriptible.
Como señalan los autores en la conclusión, “la memoria se conjuga en el presente”, especialmente en el tratamiento jurídico del pasado. El libro retoma las principales líneas de estudio sobre la represión, el genocidio y las organizaciones político-militares, y las revisita a la luz del proceso político actual. Su fuerza radica en evidenciar que una narrativa de divulgación puede, sin perder rigurosidad historiográfica, establecer que la disputa por la interpretación de los años setenta no se limita al ámbito académico o cultural, sino que constituye también una intervención concreta sobre el derecho, la legitimidad y los límites normativos de la democracia contemporánea.