por un “peronismo verdadero”: la revista línea frente al gobierno de carlos saúl menem (1989-1991)

 

CRISTIAN MARTIN

Universidad de Buenos Aires

Buenos Aires

Argentina

https://orcid.org/0009-0003-0025-3024

 

PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,

Año 18, N° 36, pp.135-164

Julio – Diciembre de 2025

ISSN 1853-7723

ARK CAICYT

https://id.caicyt.gov.ar/ark:/s18537723/08asjmvzj

 

Fecha de recepción: 05/09/2025 - Fecha de aceptación: 12/11/2025

 

Resumen

El artículo reconstruye el derrotero de la revista Línea durante el gobierno de Carlos Saúl Menem entre 1989 y 1991. El objetivo de este trabajo es examinar cómo esta revista, situada en la constelación ideológica del peronismo, el nacionalismo y el revisionismo histórico, analizó e interpretó el viraje político de Menem una vez instalado en la presidencia, cuando las consignas de campaña -ligadas al tradicional ideario peronista- cedieron su lugar a una política económica de corte neoliberal, a la integración de sectores del liberalismo económico a la coalición de gobierno, y a una mirada del pasado que implicaba la reconciliación nacional y el fin de la antinomia peronismo-antiperonismo. Asimismo, se propone indagar qué miradas y estrategias emergieron desde la revista para oponerse al gobierno. En las publicaciones examinadas sobresalen tres cuestiones: el progresivo distanciamiento de la revista respecto de Menem hasta el punto definitivo de la ruptura y de acusarlo de “traidor”; su intención de diferenciarse de los nacientes espacios de centroizquierda opositores al menemismo; y los esfuerzos políticos y discursivos para atribuirse la representación de un “peronismo verdadero”, radicalmente opositor al peronismo oficial.

 

Palabras Clave

Línea – Menem – Neoliberalismo – Peronismo – Traición.

 

Towards a “true peronism”: Línea magazine against the Carlos Saúl Menem administration (1989-1991)  

 

Abstract

This article reconstructs the trajectory of Línea magazine during the government of Carlos Saúl Menem between 1989 and 1991. The aim of this work is to examine how this magazine, belonging to the ideological framework of peronism, nationalism, and historical revisionism, analyzed and interpreted the shift in Menem´s policies once he assumed the presidency when campaign slogans linked to traditional peronist ideology gave way to a neoliberal economic policy, the incorporation of economically liberal factions into the administration, and a reviewed past narrative that implied national reconciliation and the end of the peronism-antiperonism antinomy. Furthermore, it aims to inquire into the perspectives and strategies that emerged from the magazine to oppose the government. Three issues stand out in the publications examined: the magazine's progressive distancing from Menem, to the point of definitively breaking up and accusing him of being a "traitor,", its intention to distinguish itself from the emerging center-left spaces opposed to menemism, and its political and discursive efforts to claim the representation of a "true peronism", radically opposed to official peronism.

 

Keywords

Línea – Menem – Neoliberalism – Peronism – Betrayal.

 

Por un “peronismo verdadero”: la revista Línea frente al gobierno de Carlos Saúl Menem (1989-1991)[1]

 

 

Introducción

Publicada entre 1980 y 1991 primero, y entre 1996 y 2000 después, la revista Línea fue un importante espacio de difusión de las ideas peronistas, nacionalistas y revisionistas. A lo largo de la década de 1980, y en paralelo a su oposición a la dictadura militar primero y al gobierno democrático del radical Raúl Alfonsín después, Línea buscó incidir en el devenir político y partidario de un movimiento peronista que se encontraba inmerso en una grave crisis luego de la muerte de su líder, de la traumática experiencia gubernamental de los años ’70, de los embates padecidos por la dictadura militar y de la derrota electoral de 1983 a manos del radicalismo.

Hacia finales de aquella década, y una vez consolidada la conducción de los denominados renovadores en el Partido Justicialista, Línea apoyó la candidatura presidencial del gobernador de La Rioja, Carlos Saúl Menem, quien debió enfrentarse en elecciones internas al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero. Frente a lo que se percibía como un giro socialdemócrata por parte de Cafiero, desde la revista se señaba al riojano como un exponente mucho más fiel a los valores nacionales y populares del peronismo. Sin embargo, con su llegada al gobierno en julio de 1989, y en el contexto de una grave crisis hiperinflacionaria, Menem optó por encarar un proyecto de gobierno que difería radicalmente de las propuestas y la retórica que él mismo había defendido en su carrera a la presidencia. La orientación del nuevo gobierno estuvo guiada por tres ejes: una política económica de corte neoliberal, tendiente a la apertura, la desregulación y la reforma del Estado; la integración de sectores de la derecha liberal-conservadora históricamente asociados al antiperonismo a la coalición de gobierno; y una política del pasado que se proponía acabar con los antagonismos históricos, clausurar las controversias en torno al pasado reciente y superar la antinomia entre peronismo y antiperonismo.

En este sentido, el presente artículo se propone reconstruir el derrotero de Línea entre 1989 y 1991, examinando cómo esta revista analizó e interpretó los lineamientos políticos, económicos e históricos adoptados por el gobierno entrante; cómo varió la cobertura y el trato hacia la figura de Menem a lo largo de este período; y qué reflexiones y estrategias emergieron desde la revista para encarar una política de oposición al menemismo.

Este trabajo se nutre de una serie de investigaciones propias del campo de la historia intelectual: algunas de ellas enfocadas en las redes de sociabilidad y las producciones de los grupos revisionistas durante el período de la transición democrática (García Moral, 2006; Goebel, 2013; Otal Landi, 2018), y otras que se abocaron a reconstruir el derrotero de la Renovación Peronista, o bien por medio de las disputas dirigenciales en el seno del Partido Justicialista (Ivancich, 2004; Ferrari, 2011; Ferrari y Mellado, 2016), o bien a través de los debates ideológicos que se suscitaron en sectores intelectuales adscriptos al proceso renovador como en el caso de la revista Unidos (Escher, 2005, 2007; Basso, 2010; Brachetta, 2020; Garategaray, 2010, 2012, 2013). Importante para estos antecedentes también resulta el análisis ensayístico de Altamirano (1992) en torno a la noción de “peronismo verdadero”, categoría que será fundamental en el desarrollo de este trabajo.

Una mención aparte merecen las investigaciones precedentes sobre Línea (Raíces, 2012, 2020a, 2020b; Borrelli y Raíces, 2017, 2018, 2019; Lucero, 2018), abocadas específicamente al período 1980-1983, cuando la revista encabezó una oposición frontal al Proceso de Reorganización Nacional y bregó por el restablecimiento del Estado de derecho y la reorganización partidaria del peronismo.

En este trabajo la atención estará centrada en el derrotero de Línea entre 1989 y 1991, desde la victoria de Menem en las elecciones de mayo de 1989 hasta el cese de la publicación de la revista en su primera etapa en octubre de 1991; un período que coincide en términos históricos con los primeros años de la experiencia menemista, cuando la hegemonía neoconservadora[2] que signaría a aquella década al compás de la implementación del Plan de Convertibilidad de 1991— estaba lejos de ser una realidad consolidada. 

Empero, para comprender los posicionamientos adoptados por Línea en el período consignado resulta imprescindible una contextualización previa tanto del derrotero de la revista como de los conflictos y los debates habidos en el movimiento peronista a lo largo de la década de 1980. Siguiendo este razonamiento, el artículo estará dividido en cuatro apartados. En el primero de ellos nos detendremos en las características de la revista Línea, sus orígenes, las personalidades que la integraron, sus ideas y sus objetivos; en el segundo apartado analizaremos la posición de Línea durante los años de la transición democrática, sus críticas a la Renovación Peronista, su rivalidad con la revista Unidos y su apoyo a la emergente figura de Menem; en el tercer apartado exploraremos las publicaciones de la revista en el período 1989-1991, donde se aprecian sus críticas al giro programático encarado por el flamante gobierno, su progresivo distanciamiento y enfrentamiento con la figura de Menem, y las reflexiones y estrategias que fueron emergiendo al compás de su tránsito hacia la oposición al menemismo; finalmente en un cuarto y último apartado se dará lugar a una reflexiones que sintetizarán este trabajo.

Para la elaboración de esta investigación se utilizaron distintas publicaciones de Línea —fundamentalmente de la etapa 1989-1991— y una entrevista efectuada a Javier Gentilini[3], integrante de la revista desde febrero de 1984 hasta sus últimos días.

Consideramos que el presente estudio constituye un aporte para indagar en los debates y las reflexiones relativas a la identidad peronista en el contexto de las transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales producidas por el proyecto menemista, y explorar la trayectoria de aquellos grupos de militantes e intelectuales que no acompañaron la orientación neoconservadora adoptada por el gobierno de Menem e intentaron concebir una alternativa política al peronismo gobernante sin por ello renunciar a su identidad peronista.

Origen y propósitos de Línea

La revista Línea comenzó a publicarse en junio de 1980, en plena dictadura militar, pero sus orígenes se remontan al año 1977, cuando Rubén “Chacho” Contesti[4] empezó a organizar cursos de historia en Rosario, en instituciones católicas, como una vía de reagrupar a la militancia peronista sin padecer los costos de la represión. En uno de sus frecuentes viajes a Buenos Aires, Contesti conoció a Fermín Chávez[5], quien le propuso que invitara también a José María Rosa.[6] Fue a partir del encuentro entre Contesti y Rosa que se constituyó un grupo político, que tuvo entre sus actividades la creación, difusión y comercialización de una revista, Línea, de contenido político e histórico, y pensada como un medio desde el cual se podría combatir a la dictadura militar (Lucero, 2018). Con su primer número salido en junio de 1980, Línea tuvo un recorrido que excedió largamente al tiempo de la dictadura militar, publicándose en una primera etapa hasta fines de 1991, con el subtítulo de La voz de los que no tienen voz, y en una segunda etapa, que va desde 1996 hasta 2000, con el subtítulo modificado a De la protesta social hacia el proyecto nacional y popular. Fue dirigida por Rosa hasta mediados de 1983[7] y, desde ese entonces (exceptuando un breve período entre 1990 y 1991) por Contesti.[8]

De acuerdo con Gentilini, “la revista era expresión de una organización política; no era una revista y punto, era el órgano de comunicación de un grupo político”[9]. Era el medio de difusión de una naciente agrupación política surgida en el seno del movimiento peronista y liderada por Contesti, que en sus comienzos se autodenominó como Línea Nacional, pero que con el correr de los años pasaría a ser identificada simplemente como “el grupo de Línea”.

Justamente fue la pertenencia al movimiento peronista lo que le permitió a esta agrupación poder difundir a Línea más allá de la venta en los puestos de diarios y revistas, e incluso recibir financiamiento para su publicación. Según Gentilini:

 

Al tener una inserción muy fuerte en el peronismo, y durante el gobierno de Alfonsín, [la revista] tenía una ramificación de distribución vía sindicatos y municipalidades, digamos, cuyos intendentes del peronismo estaban de acuerdo con la línea política que se transmitía a través de la revista.[10]

 

La revista nació con dos objetivos: por un lado, convertirse en el principal medio crítico de la dictadura, ser efectivamente “La voz de los que no tienen voz” (Raíces y Borrelli, 2017; Lucero, 2018), atacando al régimen militar tanto por su ilegitimidad de origen como también por los perniciosos efectos que tuvo en la actividad económica e industrial la política de valorización financiera encarada por José Alfredo Martínez de Hoz (Raíces, 2012; Raíces y Borrelli, 2017). Por otro lado, influir en la rearticulación organizativa del peronismo, adoptando una postura intransigente contra aquellos dirigentes del movimiento que se prestaran a entrar como interlocutores en el “diálogo político” inaugurado por la dictadura en 1980. En este sentido, Línea tuvo desde sus columnas un papel activo en la denuncia del “Proceso” y de los dirigentes peronistas “dialoguistas”, e incluso instó a la unión de los distintos partidos políticos —en consonancia con los esfuerzos desplegados por la Multipartidaria— para acabar con la dictadura (Raíces y Borrelli, 2017; Raíces y Borrelli, 2019).

Desde su primer número Línea expresó con claridad los ejes que componían su orientación ideológica: la adscripción a un peronismo de tipo “ortodoxo”[11] y una interpretación de la historia nacional basada en los preceptos del revisionismo histórico.[12] Prueba de dicha orientación eran las personalidades que participaron en ella a lo largo de su existencia, entre las cuales podemos mencionar, además de los aludidos Contesti, Rosa y Chávez, a los periodistas Fernando García Della Costa[13] y Luis Alberto Murray, a los poetas y ensayistas José María Castiñeira de Dios y Osvaldo Guglielmino, así como a destacados miembros de la denominada izquierda nacional como Jorge Abelardo Ramos, Jorge Enea Spilimbergo, Eduardo Astesano y Julio Fernández Baraibar. Con sus matices, todos estos hombres[14] formaban parte de un campo político, cultural e intelectual atravesado por la cosmovisión del nacionalismo y del revisionismo histórico, que reivindicaba al peronismo en tanto movimiento nacional cuyo sujeto histórico era la clase obrera, y concebía a la historia nacional como una eterna disputa entre dos fuerzas antagónicas, una de carácter nacional, popular y plebeyo, y otra de carácter liberal, elitista, oligárquico, extranjerizante y antipopular[15].

A lo largo de los años la revista, de publicación mensual, tuvo una extensión de alrededor de 50 páginas, comenzando con una editorial -por lo general de dos páginas- escrita por el director, y continuando con secciones de política nacional, política internacional, sindicalismo, cultura, libros e historia. Luego de sus años iniciales, cuando el objetivo central fue la pelea por la rearticulación organizativa del peronismo y la confluencia entre los distintos sectores políticos para acabar con la dictadura militar, con el advenimiento de la democracia Línea se convertiría en una trinchera por la defensa de un “peronismo verdadero”, celoso de su historia y renuente a las transformaciones ideológicas y culturales producidas durante la Argentina de la transición democrática.

Línea y la Renovación: una relación compleja

La victoria de Alfonsín en los comicios del 30 de octubre de 1983 no solo implicó la primera derrota electoral del peronismo en toda su historia, sino que también evidenció un cambio de paradigma en el campo político e intelectual. Dicotomías propias del imaginario del nacionalismo popular como “patria o colonia”, “pueblo u oligarquía” y “liberación o dependencia”, perdieron pregnancia frente a la dicotomía entre “democracia o dictadura” sostenida por el candidato radical (Goebel, 2013).

Fue en ese contexto de reconfiguraciones políticas e ideológicas que se produjo el ascenso de la denominada Renovación Peronista. Además de terminar con la hegemonía de la dirigencia sindical y desplazar a los “mariscales de la derrota” de la toma de decisiones, los renovadores veían la necesidad de adaptar la doctrina peronista a los nuevos tiempos, articulando la tradición nacional y popular legada por Perón con los valores y las formas de una democracia liberal que parecía asentarse de manera definitiva en la cultura política argentina (Garategaray, 2013). Dentro de la heterogénea constelación renovadora, sobresalió por aquellos años el proyecto de la revista Unidos, emprendimiento que contó con la dirección del futuro vicepresidente de la nación Carlos “Chacho” Álvarez, y que se encolumnó detrás del liderazgo del bonaerense Antonio Cafiero.

En el caso de Línea, y aún a pesar de tener duros cuestionamientos hacia la cúpula dirigencial luego de la derrota del ’83, la revista se mostró escéptica frente a buena parte de las nociones, ideas y propuestas emanadas desde el campo renovador, especialmente de la mirada expresada por Unidos. Según Gentilini:

 

El proyecto propio de Línea tenía más que ver con lo que nosotros entendíamos, lo que entendía Línea en ese momento respecto de cómo tenía que ir el peronismo, cómo tenía que posicionarse el peronismo, atendiendo a lo que era la forma organizacional convencional del peronismo que era la movimientista, donde se articulaban organizaciones políticas y organizaciones sindicales…en articulación con otros sectores de la sociedad civil como podrían ser una federación de pequeña y mediana empresa o, digamos, determinadas confederaciones de otros tipos de actividades económicas que compartieran el proyecto nacional. Desde ahí que se entendía la forma organizativa del movimiento; cosa que la Renovación, a través de su órgano de difusión más importante que fue la revista Unidos, atacaba directamente. “Chacho” Álvarez, a la cabeza, pensaba, como intelectual orgánico de la renovación, que el peronismo tenía que dejar de ser un movimiento para convertirse en un partido político moderno al estilo de las socialdemocracias europeas; eso dejaba a los sindicatos afuera, y los dejaba afuera porque en realidad [a Unidos y la Renovación] no les importaba el modelo de país.[16]

 

A contramano de la nueva cultura política democratizante consolidada en aquellos años (Patiño, 1997), cuyo eje principal era la condena a la violencia y la erradicación de los patrones autoritarios en la sociedad argentina, Línea no consideraba que la adaptación institucional del peronismo a ese nuevo paradigma o las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura fueran los principales problemas del momento. Más bien el foco estaba puesto en el desmantelamiento del aparato productivo y las transformaciones socioeconómicas de carácter regresivo acaecidas durante los años de la dictadura, las cuales, a los ojos de la revista, se mantuvieron inalteradas durante el gobierno de Alfonsín.

En ese contexto, Línea mantuvo desde un primer momento una relación conflictiva y ambigua con la ascendente Renovación, denunciando  el intento de algunos de sus sectores por construir  un “peronismo creíble” que pudiera “ajustarse al esquema colonial de dominación”[17], y cuestionando duramente el sentido de su disputa con los sectores de la denominada “ortodoxia”, en tanto ninguna de estas facciones —de acuerdo con la revista— representaba adecuadamente la esencia, los valores y las necesidades del movimiento peronista[18].  Frente a ello, Línea intentó promover en un principio el liderazgo de Saúl Ubaldini[19] que, por aquellos años, desde su posición de secretario general de la CGT, representaba como ningún otro la oposición intransigente al gobierno de Alfonsín que la revista tanto pregonaba[20]. Sin embargo, y ante el evidente avance de los sectores renovadores en la conducción del movimiento peronista, Línea no dudó en entablar vínculos y colaborar desde su lugar con algunas de las figuras de esta corriente, involucrándose por ejemplo en la campaña de Cafiero para la gobernación de la provincia de Buenos Aires en 1987[21]. Antes que una genuina convicción en las virtudes de la emergente conducción, dicha colaboración claramente daba cuenta de la intención de la revista de intervenir en un proceso político interno que -para aquel entonces- ya estaba claramente dominado por los renovadores, buscando conservar con ello su cuota de relevancia en los debates que se estaban desarrollando en el seno del peronismo.

Pero la Renovación no era un cuerpo monolítico. Paralelamente al ascenso de Cafiero como referente renovador nacional luego de 1985, Menem, un renovador cada vez más distanciado de los referentes nacionales, desembarcó con su agrupación Federalismo y Liberación en la provincia de Buenos Aires, con el objetivo de constituir allí un fuerte armado territorial que convocara a distintos sectores marginados por el cafierismo, no solo pertenecientes a la ortodoxia sindical, sino también a lo que quedaba de las organizaciones políticas y armadas de los ’70, con grupos tan disímiles como el Comando de Organización o Montoneros, e incluso a renovadores relegados por Cafiero, como fue el caso del exintendente de Lomas de Zamora y diputado nacional Eduardo Duhalde, rápidamente convertido en un operador político y territorial del gobernador riojano en el conurbano bonaerense (Ferrari, 2011).

Luego de las elecciones nacionales de 1987, y ante lo que parecía una candidatura presidencial asegurada para Cafiero, Menem pugnó exitosamente por la realización de internas nacionales con voto directo y a distrito único para la elección del futuro candidato presidencial del justicialismo, enfrentándose así la fórmula Cafiero-De la Sota contra la fórmula Menem-Duhalde. En ese marco, Línea resolvió apoyar la candidatura de Menem, adhiriendo a las propuestas del riojano de “salariazo” y “revolución productiva” y percibiéndolo −en consonancia con muchas miradas de aquel momento− como un representante más fidedigno de las ideas y los valores tradicionales del peronismo[22]. Paralelamente, la revista comenzó a forjar una relación de cercanía con Duhalde, la cual se mantendría en los siguientes años[23].

Finalmente, la formula Menem-Duhalde se impuso en los comicios internos justicialistas del 9 de julio de 1988, consagrándose como aquella que representaría al Partido Justicialista en las elecciones nacionales de 1989.

Texto

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Fuente: Línea, n°100, julio de 1988.

Menem presidente: de las dudas y las esperanzas al desencanto y la oposición

Durante los primeros meses de 1989, rumbo a los comicios del 14 de mayo, se observa en los distintos números de Línea una intensa militancia en favor del binomio Menem-Duhalde. Como elementos más visibles se pueden mencionar la publicación en cada uno de los números que van de enero a mayo de columnas escritas por el propio Menem –las cuales aparecían inmediatamente después de la tapa y el índice, y antes de las editoriales de Contesti–, y artículos dedicados a la “Revolución Productiva”.

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Fuente: Línea, n°110, segunda quincena de mayo de 1989.

 

Con la consagración de Menem, Línea expresaba su satisfacción. En una nota titulada Aniversario (número 111, de junio de 1989) se afirmaba que:

 

Este es el último número como revista opositora. A partir de julio, acompañaremos la esperanza popular aportando desde la óptica del pensamiento nacional a los compañeros que desde el gobierno buscarán afanosamente las soluciones que la Argentina reclama. Apoyaremos, aportaremos, contribuiremos al debate político e ideológico en el seno del Movimiento. No haremos oficialismo. La historia de la prensa “oficialista” es demasiado nefasta para que Línea caiga en semejante error. Sería una claudicación intelectual y hasta un agravio al nuevo gobierno, que necesitará más que nunca críticas sinceras, aportadas por los compañeros, para ayudar a avanzar, corregir, reformar.[24]

 

La lectura de este fragmento revela un dilema subyacente en Línea. Aunque se reconocía su adhesión y su cercanía directa con el gobierno entrante, al mismo tiempo se advertía que la revista no sería “oficialista”, entendiéndose esto último como un seguidismo acrítico que pudiera obturar la formulación de críticas “sinceras” e imprescindibles hacia un gobierno al que se buscaba acompañar genuinamente. Ciertamente, este mensaje no puede abstraerse del contexto político inmediatamente posterior a la victoria de Menem en mayo cuando, paralelamente al estallido hiperinflacionario que derivó en una ola de saqueos y disturbios sociales en distintas partes del país[25] y que sentenció definitivamente el final de Alfonsín, el presidente electo, interesado en dar muestras de gobernabilidad y de credibilidad a los mercados, comenzó a establecer alianzas con sectores del empresariado y del liberalismo económico históricamente enfrentados al peronismo para la conformación de su futuro gabinete, destacándose allí la designación de Miguel Ángel Roig, ejecutivo de la empresa Bunge y Born, para la dirección del ministerio de Economía.

Precisamente el siguiente número -el 112- de julio de 1989, que trata la asunción de Menem y los primeros momentos de su presidencia, tiene como imagen de portada la jura del ministro Roig frente al presidente Menem, y se titula Dudas y esperanzas, exponiendo así una ambigüedad entre la esperanza por la llegada del nuevo gobierno y las dudas que generaba no solo el nuevo gabinete sino también las ideas expuestas por el flamante presidente. Aunque en la editorial Contesti expresaba su apoyo a Menem, también lamentaba que el nuevo presidente no hubiera aludido en su discurso de asunción a los responsables del estado catastrófico del país, señalando asimismo que era tarea de la militancia peronista identificar a los culpables, a sus enemigos. En cierto sentido, la editorial parece ser una crítica velada a la propuesta de “unidad nacional” del presidente Menem. Al mismo tiempo, en ese mismo número aparecen otros artículos en donde también subyacen cuestionamientos al gobierno, como en el caso de las privatizaciones de empresas estatales[26], el apoyo que ya estaba comenzando a recibir por parte de periodistas vinculados a la derecha[27], y el nulo espacio que se le estaba dando a la intelectualidad peronista.[28]

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Fuente: Línea n°112, 12 de julio de 1989.

 

En los números de agosto y septiembre, aparecieron cuestionamientos a la política económica, sindical y exterior del gobierno. Aunque sin ser explícitamente crítica al presidente Menem, la revista progresivamente fue mostrando su insatisfacción ante un gobierno decidido a encarar la reforma del estado, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña y que, al menos implícitamente, avalaba la formación de una facción opositora al liderazgo de Ubaldini en la CGT; este malestar se evidenció con claridad en el número 115 de octubre de 1989, titulado Perón, ¿prócer o proyecto? Debate sobre la identidad peronista. La editorial del número comenzaba afirmando que “El mes que recuerda el nacimiento de nuestro Movimiento, la gloriosa gesta del 17 de octubre, esta vez ha sido doloroso y frustrante para los peronistas”[29]. Allí se señalaban algunos “acontecimientos negativos” ocurridos en los últimos tiempos, como la fractura de la CGT, los indultos otorgados a los generales y a las altas cúpulas del “Proceso” como medida de solución a la “cuestión militar”, los indultos otorgados a “los asesinos de Rucci” —en alusión a la cúpula de la organización Montoneros— y el homenaje otorgado al “fusilador” Isaac Rojas en pos de la “unidad nacional”, la errática política en las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, y el intento fallido de realizar un acto conmemorativo del 17 de octubre, enfocado no en el peronismo sino en un mensaje de unidad nacional, que finalmente no se terminó realizando. Para Contesti “Este octubre 89 es un mes para olvidar”[30], y concluía con una advertencia:

 

Terminada la emergencia y los “ajustes”, hay que volver a vestirse con nuestra propia ropa. Somos un proyecto nacional sustentado en una doctrina. Esa es nuestra identidad política. Nunca podremos ser lo que no somos. La alternativa parecer ser: peronistas cabales o caricatura.[31]

 

              En el siguiente número, el 116 de noviembre de 1989, el tema principal fue la llegada del 10 de diciembre, fecha que daba fin al interregno de emergencia con el cual había tenido que gobernar Menem por la renuncia anticipada de Alfonsín y que daría inicio pleno a su mandato presidencial. En la editorial Contesti afirmaba que:

 

En rigor, el Poder Ejecutivo electo en mayo ya ha asumido. El 10 sólo lo harán los diputados nacionales que renovarán la mitad de la Cámara baja. Sin embargo, el instinto popular habla de cambios, lo que quiere decir, cambio de ministros y de políticas. Según esa creencia, ese día se pondría en marcha el proyecto triunfante en mayo. Hacemos votos para que así sea.[32]

 

Y algunas líneas más adelante diría:

 

La proclamada unión nacional no puede hacer la síntesis milagrosa de armonizar la reactivación con la recesión, la justicia social con el no-consumo, la revolución productiva con la apertura económica irrestricta, la especulación financiera con la cultura del trabajo, el hegemonismo trasnacional con las pequeñas y medianas empresas, la marginación con el pleno empleo. Nuestra patria no es un cambalache, no deben marchar juntos la biblia y el calefón[33].

 

Las críticas veladas al gobierno se diluyeron definitivamente con la llegada de 1990, cuando la revista pasó a ser una opositora explícita al menemismo, y el presidente dejó ser visto como un “compañero” para pasar a ser un “traidor”. Esto se observa en el número 118 de abril de 1990, que se destaca por la formación de un “consejo editorial”, integrado por García Della Costa, Chávez, Eric Calcagno y José María Díaz Bancalari. Un anuncio en la primera página de dicho número buscaba explicar a los lectores este cambio en la dirección editorial de la revista:

 

Nadie duda de que estamos viviendo una nueva etapa, caracterizada por el expreso abandono, por parte de las dirigencias, del proyecto nacional y popular. Y de su alevosa y desvergonzada sustitución por el modelo neocolonial maquillado de modernismo, aggiornamiento, incorporación al primer mundo, etc. Frente a tal situación, la bronca no es patrimonio exclusivo de una organización, una corriente o un sector del Movimiento. Es de todo el espectro nacional y va más allá de los límites falsos del Partido.

Vacunados contra todo sectarismo, queremos en esta nueva etapa que, esta tribuna, nacida bajo la dictadura de Videla-Martínez de Hoz, sea vehículo para que se exprese toda la bronca, la de todos, no sólo la nuestra.

Desde hace varios meses, a compás de la defección dirigencial que señalamos antes, nos fuimos encontrando con reconocidas personalidades del campo nacional, verdaderos maestros que con su pensamiento y su conducta, conservaron para sí y para todos, la dignidad frente a tanta desvergüenza, la coherencia frente a tanto cinismo y doble discurso, la honestidad frente a tanta inconducta.

Ese progresivo acercamiento fue transformando a Línea para convertirla en una expresión más amplia, más plena, de toda la bronca contenida en el Peronismo y en el amplio frente nacional popular que triunfó en mayo y fue vilmente traicionado. Estos destacados compañeros vienen desde hace ya un tiempo orientando esta tribuna en momentos tan difíciles para mantener el rumbo y tan tentadores para un desliz o una claudicación. De hecho funcionaban ya como un verdadero consejo editorial, función que hoy hacemos expresa a partir de este número. La publicación se siente así muy bien dirigida y segura de su rumbo, en estos momentos que son sin duda, el peor para el Peronismo en toda su historia, donde el enemigo es ahora la misma traición. Nunca nos concebimos como un fin sino como una herramienta al servicio del movimiento. Este es el momento para que esto sea una realidad patente. Creemos interpretar a todos los compañeros lectores al expresarle a Eric Calcagno, Fermín Chávez, Fernando García Della Costa y José María Díaz Bancalari el agradecimiento de todos los nacionales por mantener bien altas las banderas de la Patria y el pueblo argentinos.

Fuimos traicionados, pero no estamos vencidos.[34]

Un letrero azul con letras blancas

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Fuente: Línea n°118, abril de 1990.

 

Titulado La vereda Nacional, y exhibiendo en su portada la imagen de una masiva movilización de los gremios opositores a la política menemista, el número sin dudas expresó una reconfiguración en el accionar político de Línea, por medio de una nueva concepción que implicaba actuar por fuera de los márgenes del Partido Justicialista, con el objetivo de lograr una convocatoria de fuerzas transversal, que incluyera a todos los sectores, peronistas o no, defraudados por el viraje de Menem.

Ahora bien, llegado a este punto, es importante señalar que para Línea la construcción de este nuevo “Frente Nacional” no implicaba un mero agrupamiento de voluntades opositoras al menemismo. Precisamente en aquella coyuntura, y más allá de que la inmensa mayoría de la dirigencia política y sindical justicialista acompañó la dirección emprendida por el presidente, también existieron voces disidentes dentro de este movimiento político que siguieron el mismo camino rupturista que Línea, destacándose el surgimiento de la facción de los ocho diputados justicialistas liderados por “Chacho” Álvarez y, desde un ámbito más propiamente intelectual, la revista que él mismo dirigía, Unidos.

Más allá de su común oposición, Línea buscó marcar la particularidad de su proyecto, señalando la necesidad de construir un “Frente Nacional” con eje en el ideario peronista y conducido por las organizaciones sindicales disidentes de la CGT oficialista[35], y denunciando a su vez a aquello que identificaba como la “Centro-Izquierda”, la “socialdemocracia” o la “izquierda rosada”, más precisamente, a los intentos de construcción política alternativos al menemismo encarados por Álvarez en conjunción con otros partidos como la Democracia Cristiana, las facciones del socialismo y el Partido Intransigente. Para Línea estos armados resultaban cuestionables en tanto, a ojos de la revista, privilegiaban la conducción de los sectores medios ilustrados en detrimento de las organizaciones sindicales, y compartían con las socialdemocracias europeas un ideario posmoderno, favorable a la globalización y desentendido de las viejas luchas por la liberación nacional[36]. En cierta manera, la crítica de Línea a aquel antimenemismo de orientación centroizquierdista prolongaba los razonamientos esgrimidos por la revista en la década de 1980, donde el adversario interno era, precisamente, el avance de las ideas de centroizquierda y la subordinación de los sectores sindicales que propugnaban ciertos sectores de la Renovación.

En ese sentido, Línea buscaba inscribir su oposición al modelo menemista dentro de la tradicional matriz nacional-popular, lo que implicaba un apego a las históricas nociones de intervención estatal, organización corporativa y antiimperialismo propugnadas por el ideario peronista. Justamente, para poder oponerse a un gobierno de signo justicialista sin por ello resignar su identidad política, la revista comenzó a atribuirse para sí misma la representación del “peronismo verdadero”, cuya función era salvaguardar la esencia y los valores constitutivos del movimiento frente a la herejía menemista.

Esta operación discursiva no resulta novedosa si consideramos el análisis de Carlos Altamirano (1992) en torno a la relevancia que la propia noción de “peronismo verdadero” ha tenido en la historia de este movimiento político luego del derrocamiento de Perón en 1955. Al decir del autor:

 

La imagen del peronismo se hizo doble y el movimiento proscripto se volvió soporte de lo fáctico y de lo virtual o, para ponerlo en otros términos, del peronismo verdadero pero virtual y exiliado, y el peronismo empírico, privado de verdad aunque no de poder (Altamirano, 1992, pp. 6-7).

 

Siguiendo la lógica de Altamirano, Línea pretendió ejercer el papel de un “peronismo verdadero”, portador indiscutido de los valores, de las ideas y de la esencia misma del movimiento, y privado de poder real, pero dispuesto a enfrentarse al “peronismo fáctico” del poder y de la traición en el campo de las ideas, pero también de la política. En efecto, de cara a las elecciones legislativas de 1991, y en el marco de la construcción del “Frente Nacional” que incluía el apoyo a la candidatura de Ubaldini para gobernador de la provincia de Buenos Aires[37], el grupo Línea se abocó a la construcción de un armado propio dentro de la Capital Federal, llamado Peronismo Verdadero de la Capital, y cuyos referentes más importantes eran algunos de los miembros de la revista. El anuncio desplegado en la revista para promocionar a esta nueva corriente decía:

 

 

Frente al “peronismo trucho” de Menem, Bunge y Born, Alsogaray, Grosso y Cavallo, levantemos las banderas del VERDADERO PERONISMO, el de la Doctrina de Perón, la mística de EVITA, el de la Tercera Posición, la dignificación del trabajador, los niños únicos privilegiados y el del amor y solidaridad a los ancianos.[38]

 

El mensaje en cuestión convocaba a una asamblea abierta en la que pudieran reunirse todos los peronistas defraudados por Menem con el objetivo de construir un frente político y social rumbo a las elecciones legislativas que se avecinaban.

 

Texto, Carta

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Fuente: Línea n°132, agosto de 1991.

 

Sin embargo, el esfuerzo no dio sus frutos. Con la implementación del Plan de Convertibilidad en marzo de 1991 el gobierno había logrado pulverizar la inflación, estabilizar la economía y reactivar el consumo. Aún con los problemas sociales que ese mismo modelo económico estaba germinando, el éxito en la estabilización de la economía y la erradicación de la inflación —el gran drama de la sociedad argentina de los últimos quince años— dieron como resultado la consolidación de una hegemonía política, ideológica y cultural del menemismo que duraría varios años.

La victoria del Partido Justicialista en las elecciones legislativas de 1991 significó un golpe letal para el proyecto de Línea, que además perdió el financiamiento que hasta ese entonces tenía de gobernadores e intendentes del peronismo, ahora adscriptos a la causa menemista. Reducida económica y moralmente, Línea cesó sus publicaciones a finales de 1991. Con todo, el grupo político siguió existiendo; muchos de sus integrantes se desempeñaron como funcionarios del gobierno bonaerense de Duhalde[39], y en octubre de 1996, gracias al financiamiento del MTA[40], la revista volvió a aparecer, dispuesta a arremeter contra un menemismo y un modelo neoliberal que, para ese entonces, ya empezaban a mostrar claros signos de agotamiento.

Reflexiones finales

A lo largo de estas páginas nos propusimos reconstruir el derrotero político e ideológico de la revista Línea durante los primeros dos años del gobierno de Menem, examinando su reacción frente al giro neoliberal del flamante presidente y las respuestas teóricas y políticas que brindó para oponerse al naciente menemismo. Previamente examinamos su trayectoria, las personalidades que trabajaron en ella, las ideas que defendía y su apoyo al proyecto presidencial del gobernador riojano en el contexto de consolidación de la Renovación Peronista.

Frente a las designaciones, declaraciones y medidas adoptadas por el nuevo presidente −menos sorprendentes por el contexto nacional e internacional imperante que por el hecho de que las mismas fueran llevadas a cabo por un gobierno de signo peronista−, la revista mostró cautela, “dudas y esperanzas” ante un rumbo que no compartía pero que esperaba que fuera a modificarse con el correr de los meses. Sin embargo, la tolerancia que Línea conservaba con el nuevo presidente se terminó con la llegada de 1990, cuando la revista decidió pasarse oficialmente a las filas de la oposición, denunciando la “traición” de Menem y proponiendo la construcción de un amplio “Frente Nacional”, capaz de contener a todos los sectores opositores y damnificados por las políticas de apertura económica y de reforma del Estado impulsadas por el gobierno. En ese contexto, dos rasgos sobresalieron en el discurso la revista: por un lado, un claro intento de diferenciación respecto de otros grupos también rupturistas y opositores al menemismo como los que lideraba el diputado Álvarez, a los cuales se les asignaba una ideología “socialdemócrata” que dejaba a un lado a las organizaciones sindicales y a la idea misma de la lucha por la liberación nacional, en una clara continuidad de las críticas efectuadas a la revista Unidos y a buena parte de la Renovación Peronista en los años previos; por otro lado, la atribución para sí de la representación de un “peronismo verdadero”, defensor de las verdades históricas del justicialismo frente a la orientación neoconservadora del peronismo oficial. En ese marco, para las elecciones legislativas de 1991 Línea intentó construir un frente propio, Peronismo Verdadero de la Capital, con el objetivo de competir en aquel distrito contra el Partido Justicialista, que respondía al gobierno nacional. El fracaso estrepitoso de dicha iniciativa y la consolidación política del menemismo limitaron severamente el proyecto de la revista, que finalmente dejaría de publicarse a fines de 1991, para reaparecer algunos años más adelante, en un contexto político, económico y social bien distinto.

Ciertamente, la derrota del proyecto de Línea implicó también el declive de su visión del “peronismo verdadero”, en beneficio de un “peronismo fáctico” que, aun adoptando un rumbo bien distinto del peronismo originario −aquel que Línea defendía−, no perdía por ello su condición de peronista, considerando el apoyo que Menem siguió concitando durante varios años más no solo del aparato político y sindical justicialista, sino también de buena parte de la base social de este movimiento, que no dudó en acompañar al gobierno nacional y al Partido Justicialista en sucesivas elecciones durante el primer lustro de la década de 1990. Esta paradoja trasluce sin dudas el dilema esencialista planteado por Altamirano, entre aquellos que pretendían mantener las tradicionales nociones y formas de organización del peronismo, y un gobierno que, bien o mal, estaba fundamentalmente interesado en dar una respuesta efectiva a los problemas del momento y adaptarse a las circunstancias históricas nacionales e internacionales que imperaban en aquel contexto y que, además, durante varios años, contó con la legitimación popular necesaria para encarar tales reformas. 

 

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[1] El presente artículo es una readaptación de una monografía elaborada para la acreditación del seminario "Problemas de historia intelectual argentina y latinoamericana", correspondiente a la Maestría en Historia Argentina y Latinoamericana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Agradezco especialmente a la docente del seminario, Ana Lía Rey, por sus comentarios, sugerencias y apoyo para la transformación de aquel trabajo en este artículo.

[2] Para una lectura más detallada sobre la tesis de la construcción de una hegemonía neoconservadora en la década menemista, ver Bonnet (2007).

[3] Javier Gentilini (1963). Politólogo, docente universitario y exlegislador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entre 2013 y 2017.

[4] Oriundo de Rosario, Contesti militó durante la década de 1970 en el Encuadramiento de la Juventud Peronista, una organización compuesta por jóvenes de los sectores medios que se caracterizó por un acatamiento a las directivas de Perón y por una mirada crítica de las ideas y los métodos empleados por la organización Montoneros. También fue diputado nacional por la provincia de Santa Fe entre 1975 y 1976. Según crónicas de aquellos años, su madre habría sido asesinada producto de la explosión de una bomba en un atentado perpetrado por la organización Montoneros. Para una lectura más detallada sobre el Encuadramiento de la Juventud Peronista, su trayectoria y su posición en el espectro ideológico de la década de 1970, ver Denaday (2013) y Besoky (2016).

[5] Historiador, poeta y periodista argentino (1924-2006). Figura destacada de la corriente revisionista.

[6] Abogado, juez, profesor universitario, historiador y diplomático argentino (1906-1991). Figura destacada de la corriente revisionista.

[7] Lucero (2018) sostiene que Rosa dejó la dirección debido a los desacuerdos habidos en la revista respecto a la candidatura presidencial del justicialismo. Contesti apoyaba la candidatura de Ítalo Luder, mientras que Rosa recelaba de este último por su pasado como candidato a diputado de la Unión Democrática en 1946. En el número 45 de la revista, en agosto de 1983, se publicó un reportaje que promovía la candidatura de Luder, sin la previa autorización de Rosa. Enojado por esto, Rosa se pelea con Contesti y deja la revista, quedando a cargo de ella este último.

[8] Contesti quedó a cargo de las editoriales, y por ende de la dirección de la revista, de manera plena a partir del número 49 de noviembre de 1983. A partir del número 118 de abril de 1990 y hasta el fin de la primera etapa de la revista en octubre de 1991 se constituyó un consejo editorial del cual Contesti no participó, retomando la dirección con la segunda etapa de la revista, en 1996.

[9] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[10] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[11] Aunque la categoría “peronismo ortodoxo” continúa siendo objeto de debate historiográfico, consideramos que la misma es útil para representar el perfil ideológico de la revista Línea. De acuerdo con Alonso (2012), en el contexto de la década de 1970 se entendía por “ortodoxia peronista” a aquellos sectores políticos, sindicales y juveniles de la derecha peronista que adherían sin atenuantes a los gobiernos de Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón, confrontaban con los sectores de la denominada “Tendencia Revolucionaria” que expresaban al ala izquierda del movimiento peronista y revindicaban la idea de una Tercera Posición equidistante tanto de los Estados Unidos como de la Unión Soviética en el conflicto de la Guerra Fría. Bajo esta mirada diríamos sin temor a la equivocación que Línea presenta elementos claramente correspondientes a la “ortodoxia”, como la reivindicación del último Perón, el reconocimiento a la figura y al liderazgo político de Isabel Perón, el repudio a las acciones ejecutadas por la organización armada Montoneros, y el recuerdo recurrente de José Ignacio Rucci. Sin embargo, consideramos que la presencia de dichos elementos no necesariamente implica una pertenencia automática al campo de la “derecha peronista”. En este sentido, nos parece más apropiada la interpretación que hace Besoky (2016) de la noción de “peronismo ortodoxo”, como una categoría asociada a un “centro político” que engloba a aquellos sectores opuestos ideológicamente a la izquierda peronista pero que tampoco suscribían a la beligerancia de los grupos más extremistas de la derecha. Precisamente, los posicionamientos de Línea frente al pasado reciente y las trayectorias personales, intelectuales y militantes de muchos de sus miembros se adecúan a esta noción de “peronismo ortodoxo”.

[12] Para un análisis más detallado sobre el revisionismo histórico y su relación con el peronismo, ver Goebel (2004).

[13] Periodista y militante nacionalista y peronista (1916-1998). Miembro de Línea desde su fundación, tuvo dos breves períodos como director de esta: el primero en 1983, como parte de una transición entre la salida de Rosa y la asunción de Contesti, y el segundo entre 1990-1991, formando parte de un consejo editorial. Para una información más detallada sobre su trayectoria política, militante y periodística, ver Besoky (2016).

[14] La participación femenina en esta revista fue casi nula. Si bien aparecen artículos escritos por mujeres, estos son exiguos en comparación con el protagonismo masculino.

[15] Para una lectura más detallada sobre el revisionismo histórico y sus corrientes ideológicas, ver Quattrocchi-Woisson (1995) y Goebel (2013).

[16] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[17] “El 17 increíble o el Peronismo creíble”, en Línea n°70, octubre de 1985.

[18] "La falsa interna y el surgimiento de Ubaldini", en Línea n°75, mayo de 1986.

[19] "La falsa interna y el surgimiento de Ubaldini", en Línea n°75, mayo de 1986.

[20] En agosto de 1985, y en el marco de un paro general contra el gobierno nacional, la CGT lanzó un programa alternativo de 26 puntos, que entre otras incluía la demanda por aumento de salarios, la moratoria en el pago de intereses de la deuda externa, política de pleno empleo, créditos para industriales, precios retributivos para los productores agropecuarios, la participación sindical en las cajas de previsión social y aumentos para los jubilados. Para más información sobre Ubaldini y el sindicalismo en los años de Alfonsín ver Palomino (2005).

[21] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[22] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[23] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[24] “Aniversario”, en Línea n°111, 23 de junio de 1989.

[25] Una buena radiografía de los saqueos a comercios, el angustiante escenario social y las zozobras generadas en las élites políticas y económicas puede encontrarse en Serulnikov (2017).

[26] “La cuestión es: empresas públicas o privadas”, en Línea n°112, 12 de julio de 1989.

[27] “Neustadt y Cía. ya no tienen miedo”, en Línea n°112, 12 de julio de 1989.

[28] “Los intelectuales peronistas deben ser convocados”, en Línea n°112, 12 de julio de 1989.

[29] Rubén Contesti, “Octubre sin Perón”, en Línea n°115, 27 de octubre de 1989.

[30] Rubén Contesti, “Octubre sin Perón”, en Línea n°115, 27 de octubre de 1989.

[31] Rubén Contesti, “Octubre sin Perón”, en Línea n°115, 27 de octubre de 1989.

[32] Rubén Contesti, “Quién asume el 10 de diciembre”, en Línea n°116, 24 de noviembre de 1989.

[33] Rubén Contesti, “Quién asume el 10 de diciembre”, en Línea n°116, 24 de noviembre de 1989.

[34] “Consejo editorial”, en Línea n°118, abril de 1990.

[35] Con el correr de los años dichas organizaciones se terminaron nucleando en dos grandes agrupamientos: por un lado, en la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), independiente de la CGT y compuesta por gremios de trabajadores predominantemente estatales y de la educación; por el otro lado, en el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), corriente interna de la CGT que se opuso a la conducción menemista pero que no rompió con la histórica central.

[36] Jorge Enea Spilimbergo, “Centro Izquierda. El espejo amnésico”, en Línea N°131, 13 de julio de 1991.

[37]  Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[38] “Peronismo Verdadero de la Capital”, en Línea n°132, agosto de 1991.

[39] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.

[40] Javier Gentilini, entrevistado por Cristian Martin, Buenos Aires, 15 de agosto de 2024.