Véronique Hébrard, La Faction de la Sierra. Un apprentissage du politique entre engagement et contrainte. Venezuela, 1858-1859, Rennes, Les Perséides, 2023, 494 pp.

Por Geneviève Verdo

Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne

CRALMI – Mondes Américains

Paris, Francia

 

PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,

Año 17, N° 33, pp. 195-197

Enero- Junio de 2024

ISSN 1853-7723

 

 

Este profundo libro estudia la formación, el despliegue y la caída de un movimiento armado que tuvo lugar en la zona de la Sierra (al noroeste de Caracas), y que movilizó a miles de individuos de diferentes escalas durante 18 meses. Calificado inmediatamente de “facción”, se produjo como reacción a la destitución del presidente José Tadeo Monagas, en marzo de 1858, vinculando las zonas rurales de la Sierra con los acontecimientos políticos de la capital. Ocurrido entre las revueltas de 1846 y el estallido de la Guerra Federal en 1859, fue prácticamente ignorado por la historiografía venezolana. La obra de Hébrard explora los motivos de este silencio y restituye la complejidad de esta facción, que considera un “acontecimiento” en sí mismo. Con ese fin, examina su funcionamiento interno, su lógica de reclutamiento, las razones de la participación y el modo en que afectó la vida de miles de personas.

Más allá del clima de conflicto social en el que se desarrolló, la autora apuesta por desvelar su carácter profundamente político. No sólo por las causas que lo desencadenaron, sino también por las palabras de los protagonistas, que permiten descifrar un proceso que la autora califica de “aprendizaje de la política”. Destacar el carácter político del movimiento es tanto más crucial para ella en la medida en que fue sistemáticamente negado, tanto por los contemporáneos (en particular las autoridades encargadas de la represión) como por la historiografía.

Como en una novela policíaca, Hébrard explica cómo descubrió la existencia de esta facción a través de dos expedientes conservados en la colección “Interior y Justicia” del Archivo General de Venezuela. Ha encontrado los nombres de 655 miembros de la facción y pudo estudiar, minuciosamente, los métodos de reclutamiento y de acción, los avatares de este levantamiento y las experiencias de sus actores y de su entorno. En un enfoque que toma prestado de la microhistoria y de la antropología, analiza las motivaciones profundas de los facciosos: ¿por qué y en nombre de qué se comprometieron? ¿Qué nos dicen sobre la lógica de la movilización, los mecanismos de aceptación (o rechazo) de la autoridad y de la alternancia en el poder, y los factores de cohesión en el seno de un grupo?

Se trata, por tanto, de estudiar las repercusiones locales de un acontecimiento de alcance nacional, las formas en que fue recibido por los distintos estratos de la población rural. Al mismo tiempo que la facción se constituye en movimiento armado, va reflejando las categorías, palabras y reivindicaciones de los actores locales. Conscientes de las luchas políticas en juego en la capital, los “facciosos” se apropian del movimiento para expresar sus propias reivindicaciones, en particular las relativas a la propiedad de la tierra.

Hébrard analiza también el discurso de las autoridades sobre los miembros de la facción, quienes les trataban sistemáticamente de bandoleros, bandidos y asesinos, en una lógica de descalificación que se remonta a las guerras de independencia. Esto refleja, a su juicio, la imposibilidad de concebir, en el siglo XIX, la existencia de una oposición política legítima. La ausencia de mecanismos de expresión política parece condenar a los disidentes a recurrir a la violencia y a sufrirla. Los habitantes de la Sierra son por tanto actores, pero sobre todo víctimas de la violencia, analizada como una prolongación del descrédito verbal que sufren.

El último capítulo cuenta cómo la justicia se ocupó de los facciosos en un contexto de debilidad institucional: los sospechosos eran interrogados por las autoridades civiles y militares, y no por los jueces. A los interrogatorios sucedían las penas de prisión o el reclutamiento forzoso, pero también los indultos y las amnistías. La autora muestra que el objetivo del indulto era borrar las acciones de los facciosos y relegarlas al olvido, al tiempo que concluye que esta acción represiva fue (relativamente) impotente.

Paradójicamente, la gran riqueza de la obra es su principal inconveniente, ya que el nivel de detalle en el análisis y la proliferación de ejemplos hacen que el lector pierda a menudo el hilo de la reflexión. Sin embargo, el libro ofrece varios temas de comparación sobre la reestructuración social y política en las décadas que siguen la independencia. Una de ellas es la expansión del liberalismo en el mundo rural: la facción de la Sierra ilustra perfectamente la tesis de la “ruralización de la política” planteada por Tulio Halperin Donghi.

En este sentido, el libro se habría beneficiado de una presentación más explícita de los levantamientos rurales de 1846, de los que la facción de la Sierra se presenta varias veces como una extensión. La existencia de tal relación plantea la cuestión de la distinción, hecha por la autora pero no plenamente resuelta, entre un movimiento social y un movimiento político. Aunque el discurso de las autoridades parece oponer los dos, ya que despolitiza el movimiento y lo relega al campo de la delincuencia, nos parece que esta distinción no es tan operativa en el análisis. Leyendo estas páginas, parece claro que las dos esferas siguen confundidas y que todos los actores sociales que vemos actuar en la facción son al mismo tiempo actores políticos, en la medida en que su levantamiento tiene como objetivo cambiar los equilibrios de poder a su favor.

Tal vez sea esta confusión, y la naturaleza profundamente política de todo movimiento “social”, la razón del velo de olvido que se cierne sobre esta facción de la Sierra. Como muestra la obra, mientras que sus tres líderes fueron rehabilitados como campeones de la lucha por la libertad, los cientos de anónimos que les siguieron han sido borradas de la memoria, y el significado de sus acciones totalmente ignorado. Es aquí donde la existencia de los archivos y el magnífico trabajo de exhumación e interpretación de Véronique Hébrard cobran todo su sentido.