Laura Schenquer (comp.), Terror y consenso. Políticas culturales y comunicacionales de la última dictadura. La Plata: EDULP, 2022, 256 pp.

Por Matías Marinozzi

Universidad Nacional del Sur,

Bahía Blanca, Argentina

 

PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,

Año 17, N° 33, pp. 177-179

Enero- Junio de 2024

ISSN 1853-7723

 

 

La obra interviene con una notable potencia en el debate sobre los comportamientos y las actitudes sociales durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). Lo hace a partir del análisis de un conjunto de políticas y prácticas culturales impulsadas o avaladas por el régimen militar para conservar y ampliar la adhesión social tras el golpe de Estado. De este modo, el libro explora la doble dimensión del poder dictatorial que, por un lado, reprimió, destruyó y difundió el terror, mientras que, por otro lado, buscó producir nuevas subjetividades que le permitieran construir y mantener un consenso favorable a los objetivos del Proceso de Reorganización Nacional (PRN).

Los textos compilados abordan la “acción psicológica” desarrollada por el gobierno de facto para influir sobre las “mentes sociales”, imponer comportamientos y modelar actitudes en el marco de una guerra “total” contra la subversión. A partir de ello, logran deconstruir las representaciones que conciben a la cultura durante la dictadura únicamente como un campo arrasado a causa de la censura y la persecución.

Además de un prólogo coescrito por Ana Longoni y Cora Gamarnik y una introducción de Schenquer, el libro se compone de dos partes. La primera reúne tres capítulos que abordan el entramado institucional que sostuvo la estrategia de acción psicológica desarrollada durante la última dictadura militar.

En primer lugar, Julia Risler analiza en tres tiempos la dimensión productiva del poder dictatorial. Traza la genealogía de la doctrina local de acción psicológica en un recorrido que se remonta a los años cincuenta y evidencia la progresiva homologación entre la figura del enemigo interno y la población. A su vez, reconstruye el organigrama burocrático estatal a través del cual se desplegó la acción psicológica durante la dictadura. Por último, analiza las estrategias discursivas empleadas por la propaganda dictatorial.

En segundo lugar, Laura Graciela Rodríguez aborda cinco programas de la Secretaría de Cultura nacional que ilustran las estrategias del PRN para sostener y ampliar sus bases de apoyo. La autora demuestra que esas acciones estuvieron orientadas a determinados sectores de la población (padres de familia, personalidades de la cultura, académicos, maestros y alumnos de escuelas) con el fin de comprometerlos con el régimen, lograr su adscripción a los valores occidentales y cristianos y, asimismo, ganar su apoyo.

En tercer lugar, Moira Cristiá y Laura Schenquer analizan la coordinación institucional entre agencias estatales y privadas en el diseño de estrategias de comunicación para contrarrestar en el exterior las denuncias por violaciones a los derechos humanos y evitar el aislamiento y la pérdida de apoyo y financiamiento internacional del régimen. Así, indagan sobre la información difundida en el extranjero para mejorar la imagen del gobierno, y los vínculos establecidos entre militares, publicistas y diplomáticos para conseguir tal fin.

La segunda parte del libro reúne cuatro capítulos que abordan diversos universos de producción cultural atravesados por las tensiones entre las dimensiones represiva y productiva del poder dictatorial.

En primer lugar, Maximiliano Ekerman analiza los mecanismos de control y direccionamiento empleados durante el período para orientar la producción y circulación de películas en Argentina. Así, evidencia que la censura y las desapariciones fueron complementadas por una política de financiamiento económico destinada a favorecer la producción de films que fomentaran valores e ideas alineados con los del PRN y que estimularan la adhesión y el apoyo de la población.

En segundo lugar, Evangelina Margiolakis y Alicia Dios problematizan el rol de las empresas periodísticas privadas como complemento de la estrategia psicosocial castrense, a partir del análisis de la revista cultural Pájaro de fuego. Toda la cultura, que sin ser un medio oficial, durante la dictadura funcionó como una tribuna de defensa de las causas y valores nacionales promovidos por el régimen.

En tercer lugar, Eduardo Raíces y Laura Schenquer abordan los discursos sobre lo público, las transformaciones urbanas y los lazos sociales promovidos desde el ámbito estatal a partir del análisis de un libro propagandístico lanzado por la Municipalidad de Buenos Aires en 1981. Así, exponen el trasfondo de un discurso “normalizador” pro-represivo, que expresaba la matriz del imaginario oficial del régimen sobre una supuesta sociedad posterior a la guerra contra la subversión.

Finalmente, Julia Risler indaga sobre la colaboración entre agencias publicitarias, empresarios y militares en el diseño de campañas propagandísticas y demuestra que la dictadura militar no siempre necesitó de la acción psicológica para desplegar la dimensión productiva de su poder, ya que algunos sectores sociales desarrollaron sus propias iniciativas para conquistar las subjetividades, imaginarios, creencias y valores de la población con el fin de lograr su identificación con los propósitos del PRN.

En síntesis, Terror y consenso es un libro clave para comprender los mecanismos de legitimación social desarrollados durante la última dictadura militar con el propósito de construir un consenso que le permitiera lograr el apoyo de la población en la lucha contra la subversión, así como su adscripción al proyecto refundacional.