Carlos Malamud. El sueño de Bolívar y la manipulación Bolivariana. Falsificación de la Historia e integración regional en América Latina, Madrid, Alianza Editorial, 2020, 296 pp. 

Por Inés Quintero

Universidad Central de Venezuela

Caracas, Venezuela

 

PolHis, Revista Bibliográfica Del Programa Interuniversitario De Historia Política,

Año 15, N° 29, pp. 151-153

Enero- Junio de 2022

ISSN 1853-7723

 

 

Ha sido una práctica frecuente en las historiografías de los siglos XIX y XX, del mismo modo que en el discurso político, tanto del pasado como del presente de América Latina, establecer una línea de continuidad histórica entre los proyectos de unidad que se plantearon las naciones hispanoamericanas en los años posteriores al proceso de Independencia y las propuestas de integración latinoamericana de los siglos XX y XXI como instrumentos para la cooperación regional e intergubernamental o para la creación de instancias supranacionales. Es este el tema central del libro de Carlos Malamud.

Se ocupa el autor de ofrecer una perspectiva crítica entre cuyas finalidades está destacar que se trata no solamente de experiencias que obedecen a contextos histórico-políticos absolutamente diferentes, sino que además, no guardan ninguna relación en su orientación, concepción y propósitos. No obstante, insiste Malamud, esta práctica se ha mantenido en el tiempo, proliferando y cobrando un auge inusitado en el siglo XXI de la mano del discurso del finado presidente Hugo Chávez Frías, recurriendo para ello a la figura de Simón Bolívar.

La idea de un Bolívar integracionista no fue un invento de Chávez, ni una propuesta que surgió en el siglo XXI. La idealización de un Bolívar integracionista de visión continental está presente desde el siglo XIX, como parte del culto heroico, y tiene numerosas expresiones e interpretaciones que se prolongan durante el siglo XX, con la finalidad fundamental de demostrar que, de todos los héroes de la Independencia, fue Bolívar quien de manera más constante y clara impulsó la unión de los países de Hispanoamérica. Sin diferenciar, como ya se dijo, el alcance de estas propuestas con lo que serán posteriormente los proyectos integracionistas en el siglo XX y descartando la presencia o importancia de cualquier otro protagonista de la época que pudiese compararse al Libertador.  

El libro de Malamud hace un recorrido crítico por cada una de esas interpretaciones, dando cuenta de los usos políticos y de las distintas manipulaciones que se hicieron en el pasado y se siguen haciendo en el presente del discurso de Bolívar para convertirlo, no sólo en adalid del integracionismo, sino también del panamericanismo, del antiimperialismo y por qué no, como lo hizo Chávez, del socialismo del siglo XXI, expresión máxima de los usos y abusos que se han hecho de la palabra de Bolívar en el contexto de la llamada revolución bolivariana.

En el campo de las lecturas integracionistas, es recurrente la mención a las mismas citas de los mismos documentos icónicos del Libertador. El más utilizado es su famosa Carta de Jamaica, escrita en 1815, aunque también están las cartas y circulares elaboradas para convocar el Congreso de Panamá a celebrarse en 1826. Sobre ello el debate historiográfico ha planteado con sólidos argumentos las inconsistencias que se derivan de estas acomodaticias interpretaciones, lo cual es igualmente señalado por Malamud; sin embargo, la manipulación se ha mantenido incólume. Un buen ejemplo de ello pudo verse en los actos conmemorativos que se realizaron al cumplirse 200 años de la Carta de Jamaica.  En el caso de Venezuela, por ejemplo, la ocasión fue propicia para volver sobre el ideal integracionista del Libertador, y también para darle impulso y sustento ideológico a los lineamientos de la política internacional del gobierno de Hugo Chávez Frías, inspirada en el ideal bolivariano de la integración, cuya máxima expresión fue la creación en el 2004 de la Alternativa Bolivariana para América Latina (ALBA), llamada también Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América. Instrumento de cooperación internacional que funcionó como plataforma para la “exportación” de la revolución bolivariana.

¿Por qué es relevante este debate? ¿Qué sentido tiene seguir insistiendo sobre ello? La repuesta la ofrece Malamud en su introducción:

Porque si los historiadores profesionales no lo hacemos otros lo harán por nosotros. Pese a lo desagradable que en ocasiones puede resultar dicha tarea es un charco en el que deberíamos meternos, pero no como un acto militante, como algunos reivindican desde la trinchera de la lucha por la segunda y definitiva independencia, sino por pura coherencia intelectual.

Saludo el talante crítico y la coherencia intelectual que encierra la obra y el compromiso del colega Malamud.